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AFP

El Senado brasileño votará este martes si Dilma Rousseff debe ser sometida a un juicio de destitución, última escala previa a la decisión que a fin de mes podría poner fin al ciclo de más de 13 años de la izquierda en el poder.

Mientras los Juegos Olímpicos de Rio 2016 captan la atención de los brasileños, que al igual que el resto de Sudamérica por primera vez pueden ver a la élite del deporte mundial en sus tierras, todos descuentan que el Senado dará un fuerte respaldo al impeachment contra la primera mujer presidenta de Brasil.

Si la votación del plenario de 81 senadores aprueba el informe del senador socialdemócrata Antonio Anastasia (PSDB), que recomendó destituir a Rousseff por haber cometido un “atentado contra la Constitución”, la presidenta solo tendrá una última oportunidad para evitar ser destituida.

La sesión del Senado se extenderá por unas 20 horas. Será dirigida por el presidente de la Corte Suprema y bastará que una mayoría simple -mitad de los presentes más uno- apoye la acusación para aprobar el inicio de un juicio de destitución de la mandataria.

Rousseff, una exguerrillera marxista de 68 años que fue suspendida del cargo el 12 de mayo, denuncia que su vicepresidente, Michel Temer, que la sucedió provisoriamente, orquestó un golpe en su contra.

Acusada de haber violado la Constitución al aprobar gastos sin la venia del Congreso y suscribir decretos para financiar al Tesoro con la banca pública, sobre todo en su campaña de reelección de 2014, Rousseff podría perder su mandato y quedar inhabilitada para ejercer cargos públicos por ocho años.

“La presidenta está cada vez más aislada, un aislamiento muy acentuado, que se agravó en las últimas semanas y que incluye hasta su propio partido. No tengo ninguna duda de que, al igual que en el juicio definitivo, la votación será a favor del impeachment y será destituida”, dijo a la AFP el senador Aloysio Nunes, del PSDB y líder del frente oficialista de Temer.

En la otra orilla, la senadora Vanessa Grazziotin, aliada a Rousseff, coincide: “Lo van a conseguir con bastante facilidad. No tenemos muchas expectativas”, dijo.

Capítulo final 

A sus 75 años, Temer lidera un frente pro impeachment para asegurarse la presidencia hasta el 31 de diciembre del 2018, hasta cuando debía gobernar Rousseff.

Diez días atrás Temer pidió acelerar el impeachment porque la gente “necesita saber quién es el presidente”. Su plan, dijo, es partir al G20 en China a inicios de setiembre como presidente de los brasileños, sin el adjetivo “interino”.

Si el Senado así lo decide, el juicio comenzaría en torno al 25 de agosto, cuatro días después de la clausura de Rio-2016. Durará cinco días.

Una amplia mayoría de los congresistas considera que la ahijada política del expresidente Luiz Inacio Lula da Silva será derrotada en la votación que se celebrará el último día. Destituirla requerirá el apoyo de al menos dos tercios (54) de los 81 senadores.

Rousseff dejó el Palacio de Planalto con niveles bajísimos de popularidad, un sino que se extiende sobre toda la política brasileña.

Temer no le va en zaga. Su frase de apertura de los Juegos Olímpicos fue acompañada por un estruendoso abucheo. 

Inestable

Divididos entre las hazañas del nadador Michael Phelps, la expectativa de ver correr a Usain Bolt y soñando con que su selección de fútbol gane su primera medalla de oro, los brasileños asistirán a un nuevo capítulo del proceso que hundió al país en la inestabilidad.

El edificio del Congreso en Brasilia ya está rodeado por vallas a la espera de unos 5.000 manifestantes, lejos de las decenas de miles que tapizaron la ciudad cuando el caso llegó a su cenit en abril.

El gobierno de Rousseff se astilló por una recesión económica feroz y las acusaciones de corrupción que lo vincularon a una inmensa red de sobornos en la estatal Petrobras.

Recluida en la residencia presidencial, Rousseff dijo que publicará una carta donde se comprometerá a convocar un plebiscito para que los ciudadanos decidan si quieren adelantar elecciones en caso de que consiga derrotar al impeachment.

“Tenemos conciencia de que encontrar una salida hoy con Dilma es una opción casi agotada. Pero tenemos aún más claro que Temer no tiene legitimidad”, dijo Grazziotin.

Su colega Nunes disiente. “No hay ninguna chance de que Rousseff vuelva al poder, ya nadie cree que pueda volver a gobernar Brasil. Eso es un hecho”, cerró.

Si pierde definitivamente el poder, Rousseff será el segundo jefe de Estado brasileño que pierde su mandato a manos del Congreso en 24 años. El anterior fue el hoy senador Fernando Collor en 1992.

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