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*** No tiene la misma fuerza y
vigor, por razones ajenas, sobrevenidas,

y archiconocidas, pero su presencia se mantiene
intacta, como factor de progreso y desarrollo social y económico, atada a su
historia y su destino.

El río Cabriales bajaba indómito por sus riberas amplias
como limpias, cruzando de norte a sur a la apacible Valencia, siempre cargada
de luz y esperanzas. El trinar de sus paraulatas rabo blanco, guacharacas y
guacamayas acompasaban el ruido de las primeras máquinas fabriles o de
transporte que, poco a poco, aparecieron en los caminos de paso obligado hacia
los llanos, el litoral central o la capital, que aún siguen siendo los mismos,
pese a la modernidad. 

Todavía,
a un lado del cerro El Morro no estaba visible la mole de concreto de la planta
Protinal, que al poco tiempo se levantó y convirtió en símbolo de la
Industrialización de la región y el país, dándole la bienvenida al progreso,
que más tarde se uniría al calor de las chimeneas de Firestone y de
Colgate-Palmolive, por la entrada y salida del noreste a la ciudad y con la
Fábrica de Cementos más hacia arriba, o con los viejos telares Branger,
Valencia y Káram, atravesados en el propio corazón de la ya entonces bulliciosa
capital de Carabobo, célebre e inmortalizada desde concluida la guerra de
Independencia de Venezuela.         

Esa fue, esa era y continúa siendo la Valencia
del Rey. La Valencia industrial que soñó Pocaterra y que se hizo conocer  y sentir en el mundo, en sus momentos de
arranque, en sus tiempos de crecimiento y euforia, y también ahora en sus días de
angustias, en sus días de estrangulamientos y asfixias, pero que igual,
erguida, valiente y con la mayor disposición procura salir avante de las
dificultades y los entuertos que han sorprendido a su presente y su porvenir inmediato,
para presentarse, tal como es y está de cuerpo entero, en las actuales y
complejas circunstancias.

Al
esfuerzo emprendedor de los pioneros de la industrialización local no se le
hizo esperar por la visión de otros inversionistas, nacionales y extranjeros,
que en la época valoraron la ubicación geográfica de la ciudad, con el lago
Tacarigua de vecino, y de pronto sus alrededores se cundieron de empresas
manufactureras y de servicios con las plantas de Aceites El Águila, Facegra,
Grasas de Valencia, Embotelladora Carabobo, Kola G,  Inlaca-Leche Carabobo, Celanese, Electricidad
de Valencia, Sombreros Cogorno, Helados El Polo, Cartonera Nacional, entre las
más emblemáticas de aquel amanecer histórico.

En ese primer escenario surge como necesidad
impostergable la organización gremial de los empresarios y de la mano de los
doctores Temístocles López y Luis Augusto Carvallo aparece en escena, un 4 de
septiembre del año 1936, la Unión de Industriales de Valencia, génesis de lo
que hoy es la Cámara de Industriales de Carabobo, pero que en una etapa intermedia
también se llamó Cámara de Industriales de Valencia, con la presencia activa de
inversionistas de la talla de Ricardo y Guillermo Degwitz, Domingo Olavarría,
Ernesto Luis Branger, Carlos Stelling, Eugenio Mendoza, Oscar Römer, Fernando
Branger, Salvador Carvallo, Antonio Rodríguez, como ejes embrionarios del
proceso industrializador.

Y tras ellos y su ímpetu gremialista
de grandeza, en seguidilla vinieron las plantas de Sherwin Williams, Papeles
Venezolanos, Alimentos Kraft, Galletera Carabobo, Goodyear, Uniroyal, Pastas
Carabobo, Cauchos General, Cahíz Hnos., Dupont, Owens Illinois, Johnson &
Johnson, Coca-Cola, Frica, Oxicar, Armco, Pastas La Sirena, Industrias Venoco,
Productos Quaker, Resimón, Heinz, Metalgráfica, Cabel, Cerámica Carabobo, Molinos
Nacionales; que en hora buena encontraron en Valencia, como aliada de primera
clase,  a una gestión municipal abierta y
progresista, encabezada por Humberto Celli y Luis Núñez Pérez, quienes a través
de FUNVAL completaron y consolidaron la industrialización con su Zona
Industrial Municipal y la bien ganada denominación: Valencia, Ciudad Industrial
de Venezuela.

La
misma historia certifica que fue Ford Motor Company la primera empresa que
adquirió una franja de terreno en propiedad en la ZIM, que resultó el anzuelo
más eficaz para cristalizar el proyecto de Zona Industrial, pues junto a su
importancia económica y su resonante prestigio internacional, llegaron
aparejadas inversiones de todos los montos y trascendencia imaginables.

La
figura superior de transformación de la Cámara de Industriales de Carabobo que
ahora mismo alcanza, en tres etapas diferentes y un mismo propósito, 80 años de
luchas ininterrumpidas, es consecuencia de la evolución, con altas y bajas, que
ha tenido el proceso industrializador de Venezuela, el cual, lamentablemente,
se ha venido a menos estrepitosamente en los últimos 15 años, arrastrando no
solo su capacidad de producción de bienes y servicios, la generación y
multiplicación de empleos seguros y bien remunerados, sino también el reparto
de la riqueza social con justicia, equidad y bienestar para compartir.

Inmenso
e incuantificable es el aporte de la CIEC en sus 80 años de vida gremial como
centrífuga del desarrollo integral de la región, palanqueando la coordinación e
incentivación del proceso de crecimiento manufacturero, y en su acervo figura
la gestión de obras públicas de envergadura y utilidad real del Aeropuerto de
Valencia, que nació en su seno como Aeroclub, el acueducto para la Zona
Industrial, el dispositivo de tránsito vehicular de La Quizanda, la
modernización operacional del puerto de Puerto Cabello.

En paralelo la sociedad también vio reflejada
la acción de la CIEC en la promoción de la escuela de Relaciones Industriales
de la UC, la creación de la Unitec, del Cuerpo de Bomberos de Valencia y
Guacara, de la Maternidad del Sur, y pare de contar.

La
misma crisis que ahora resiente al país en todos sus estratos, en la coyuntura
de esta nueva Venezuela, en las últimas dos décadas obligaron a mermar las
fuerzas y el vigor de lucha, inevitablemente, por razones ajenas sobrevenidas, archiconocidas;
pero, en tales condiciones, todavía vibra intacta la convicción de que aún
quedan reservas suficientes para seguir adelante, trabajando con constancia y
dedicación, en la seguridad de que volverán los tiempos de progreso, desarrollo
y felicidad para todos. Han transcurrido 80 años y “parece que fue ayer”. 

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