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Dayrí Blanco/@DayriBlanco07

José Mejías llegó a la emergencia gritando de dolor. “Apendicitis”, dijo rápidamente el doctor de guardia tras los primeros análisis. Una cirugía de urgencia fue planteada. Todo se preparó rápidamente y en una hora estaba en quirófano. Pero a 10 minutos de haber iniciado la operación endoscópica la visión de los especialistas se apagó. Así de pronto. Con las manos estáticas sobre los tubos que se quedaron sin iluminación ni transmisión de video vieron pasar 30 segundos, un minuto y hasta 2 cuando de pronto todo arrancó nuevamente al activarse la planta de emergencia tras la interrupción eléctrica que puso en riesgo al paciente.

La historia de José no es inédita. Se repite a diario en todas las clínicas del estado Carabobo. La situación se agudiza cada vez más. Hasta 4 veces en un día hay apagones y las plantas se ponen en funcionamiento por encima de la capacidad para las que fueron ideadas. Aunque la mayoría de estos centros de salud cuentan con ese sistema, muchos están obsoletos, y se debe sortear con la serie de permisologías para la compra y traslado de gasoil, que es el combustible de estas máquinas, cuyos inventarios suelen ser reducidos, por su condición de material inflamable, y se agotan rápido.

Rafael Pifano, vicepresidente de la Cámara de Clínicas del Centro (Cacentro), relató que en plena cirugía lo que se empieza a hacer se debe terminar. Y solo para eso se utilizan las plantas. Hay intervenciones ya planificadas que han sido pospuestas hasta tres veces.

Ese es el caso de Magaly Fuenmayor. Su ginecólogo le programó para el 15 de febrero una histerectomía. A las 7:00 a.m. en ayuna ya estaba con su hija en la sala de espera. Fue preparada y justo a las 9:00 a.m., cuando debía ingresar a quirófano, hubo una interrupción. Esperó dos horas pero no tuvo suerte. Al restituirse el servicio había dos emergencias con prioridad y le dieron fecha para dos semanas más tarde cuando tampoco fue operada por la misma causa.

Eso genera otro problema de salud mayor, porque o se agrava la patología o surge un problema psicológico que también debe ser tratado”, expresó.

El racionamiento se ha convertido esta vez en un problema. Hace dos años se aplicó un plan similar, con menos interrupciones y un cronograma de horarios que permitía la planificación de todas las actividades hospitalarias.

SIN TOMÓGRAFOS

El riesgo no solo se corre dentro de los quirófanos. Los cortes en el suministro eléctrico han provocado la avería de equipos médicos vitales para el diagnóstico de enfermedades de rápida evolución. Los tomógrafos están de primero en la lista. Más del 50% están dañados como consecuencia de las fallas en el servicio y en todo el estado solo se cuenta con 10 de estos aparatos de imagenología.

Pifano explicó que estos equipos son muy susceptibles a “bajones de luz”, y se han sumado a la larga lista de herramientas fuera de servicio como los resonadores que esperan por repuestos importados.

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