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Dayrí Blanco/@DayriBlanco07

Carolina Carrero sabe que no solo se trata de su hijo. Pero no puede dejar de pensar en él. Su sueldo es el único ingreso con el que cuenta para el pago de todo lo que implica ser un niño con espectro autista y está a punto de perderlo. Su caso es tan solo uno entre las más de 300 mil historias que pueden escribirse tras la paralización de la producción en las cuatro plantas de Cervecería Polar. Es una crisis que no se limita a una marca, empresa o al nombre de quien la dirige.

Seis años tiene ella como parte de la nómina de la firma. Con su salario sostiene su hogar integrado además por su hija menor de 10 años. Carolina está preocupada. Es algo que no puede ocultar. Camina nerviosa y llora cada vez que habla del tema. “Mis padres murieron y debo también apoyar a mi hermana menor y la salud de mi hijo especial de 15 años ahora se verá comprometida”, expresó mientras hacía un esfuerzo por ocultar sus lágrimas. No lo logró.

Ella debe pagar colegio especializado, medicinas siempre a tiempo y un régimen alimenticio acorde para que su hijo tenga una buena calidad de vida y no se atrase en su desarrollo. Le cuesta entender que la empresa, una de las más sólidas del país esté por cerrar sus principales plantas. “Nosotros no estamos pidiendo nada ilegal. No podemos estar en esta situación este país necesita producir”.

Se repite la historia

Por la mente de Alexander Palencia se repite una y otra vez el drama que vivió durante aquellos días de 2002 cuando se quedó sin trabajo. Tenía 13 años siendo parte de la industria petrolera y fue despedido después del paro. “No puede ser que me vaya a pasar otra vez”, dice con la voz quebrada y respira profundo. Sus compañeros lo ven y se sorprenden. Uno baja la mirada, otro suelta una expresión de angustia, y hubo uno que le dio una palmada en la espalda para darle fuerzas.

Tiene 10 años como preventista en la agencia de distribución de La Quizanda. “Cuando me botaron salí a la calle sin nada. No me dieron ni medio. Ni caja de ahorros ni prestaciones”. Hasta ahora desconoce en qué condiciones se irá de suspensión laboral cuando en tres días en promedio se agoten los inventarios de malta y cerveza en los almacenes después del 29 de abril cuando se paralice San Joaquín. Tiene dos hijos de 12 y 15 años que aún dependen económicamente de él que solo se ha dedicado a trabajar. “Nosotros no somos políticos ni pretendemos serlo. Este Gobierno se llama obrerista y no le da las divisas a las empresas para que produzcan y los trabajadores tenemos que vivir en zozobra”, reclamó.

Toda la familia en crisis

La historia de Michelle Rodríguez ha conmovido a muchos. Ella tiene ocho años como analista de gestión y control administrativo de Empresas Polar y por primera vez siente que su futuro y el de su hijo de seis años es incierto. “Al Gobierno solo le pido que apele a su conciencia. No puede dejar sin trabajo a tantas personas. ¿Quién va a mantener a mi hijo ahora?, dijo entre lágrimas que se secaba con rabia del rostro.

Su papá también depende del salario que gana en la firma desde hace 30 años como franquiciado. Su hermano también es parte de la nómina. Pero su esposo está desempleado y ella es único sostén del hogar. “Somos venezolanos y tenemos derecho a trabajar. Es lo único que pedimos”.

Afectación psicológica

Cristelbi Garrido fue clara. Ella sabe que la crisis de materia prima en Polar no se limita a los 10 mil trabajadores directos de Cervecería, ni a los 300 mil indirectos. Las familias de todos los que dependen de la empresa están severamente afectados. “El impacto psicológico de todos es muy fuerte”.

Con ocho años como analista de operaciones comerciales aseguró que también todos los hogares del país son perjudicados. “ Cuando yo nací Empresas Polar ya estaba en mi casa y mi familia”.

Incertidumbre

La incertidumbre se refleja nítidamente en la mirada de Atoniel Piento. “La situación es muy mala”, expresó este operador con siete años en la empresa quien no sabe exactamente qué pasará con su sueldo al entrar en suspensión laboral.

Que el Gobierno abra los ojos es su petición más directa. “Esto nos perjudica a todos. Queremos trabajar”.

Santamarías abajo

Jacobo Vázquez recuerda aún su llegada hace 30 años a Empresas Polar. “Era ayudante, ahora soy gerente de ventas de La Guacamaya y logré tener dos profesiones”. Él siente impotencia. “No entiendo por qué no depositan a las cuentas de los proveedores lo que ya la compañía pagó en bolívares”.

Eso evitaría que muchos se quedaran sin empleo y que no se bajen las santamarías de los comercios con licencia de licor cuyo 90% de las ventas depende exclusivamente de los productos de Cervecería Polar.

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