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Luis Alejandro Borrero | @LABC7

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Pone su fe en ellos por razones sencillas: nacieron después. No tuvieron tiempo de contagiarse de las formas tradicionales de hacer política. Incluso de la era que él mismo representa de algún modo. Elías Pino Iturrieta, profesor titular de la Universidad Central de Venezuela y dos veces presidente de la Academia Nacional de la Historia deposita su confianza en partidos como Voluntad Popular y Primero Justicia para dar inicio a un nuevo ciclo en la historiografía del país.

No existe tal división entre la Cuarta o la Quinta República. Esa es una más de las invenciones de Hugo Chávez, asegura Iturrieta. En Venezuela se cumple un mismo proceso desde 1958. “Es ese nuestro proceso”. La felicidad, prometida por la democracia representativa de Acción Democrática y Copei, no logró su cometido. “Hemos venido desde entonces en un solo proceso de decadencia. Es mentira que fuimos felices y no lo sabíamos. No fuimos felices”.

Pero ese proceso de declive redondo, único, quizá esté muy cerca de cerrar un capítulo largo y abrir otro. No sabe cuándo. La historia es de tiempos lentos. De lo que sí está seguro es que el chavismo, ahora dirigido por Nicolás Maduro, está de salida. Y partidos jóvenes, descontaminados, tienen la posibilidad de ser fundamentales en esa transición histórica.

Confiesa que no tiene nada en contra de Acción Democrática y este renacer que parece regresar del pasado. El problema es que representan eso: el pasado. “Si uno escucha un discurso de Henry Ramos Allup y se tapa los ojos, probablemente sea muy parecido a Rómulo Betancourt”. Y lo que necesita la política venezolana es renovación, apuntó Iturrieta desde la conmemoración de los 50 años de la Cámara Inmobiliaria de Venezuela, de visita en Carabobo. “El pasado se disfraza de presente para ofrecer un futuro, pero es pasado”.  

Lo que hizo la Mesa de la Unidad Democrática es inédito. Sus documentos pueden formar parte de la historia de Venezuela, aunque ahora mismo se vean como algo menor. Lo único que quizá cuestione es que no se ha determinado en llamar las cosas como son: dictaduras. “Al igual que el pasado, las dictaduras se disfrazan de democracias, pero terminan siendo eso: dictaduras. No porque esta no se parezca a la de Pérez Jiménez no significa que no lo sea”.

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