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Luis Alejandro Borrero | @LABC7 | [email protected]

El acceso al agua potable es un derecho humano. Pero en las comunidades Valle Seco, Colinas de Valle Seco, Negro Primero y El Pan; el servicio solo llega dos veces por mes a través de tuberías. Son el ejemplo de un drama acentuado en la costa de Carabobo. Y que podría aumentar el año que viene afectando a 272 mil 943 personas, alertó el miércoles Javier Palencia, miembro del equipo técnico y profesional del partido Un Nuevo Tiempo.

Toda el agua que se consume en los municipios Puerto Cabello y Juan José Mora proviene del embalse de Canoabo. Es una represa hecha por el humano con capacidad de almacenar 67,7 millones de metros cúbicos —en teoría suficiente para esas poblaciones—. Pero un conjunto de mala administración, obras a destiempo y promesas no cumplidas ha hecho que la vida de los habitantes del litoral se seque.

Una de esas decisiones fue el convenio que hizo la Compañía Anónima Hidrológica del Centro con los pisatarios que vivían en las áreas inundables del embalse. Se firmó el 18 de octubre de 2012. Aunque era una zona vírgen, estratégica y protegida por el decreto de Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (Abrae); el Gobierno permitió la ocupación de las zonas en las que se suponía que se debía almacenar agua para los períodos secos. Se construyeron casas de hasta dos pisos y sembradíos. En ese contrato participó Palencia.

En exclusiva para El Carabobeño, Palencia rememoró que el convenio se hizo a partir de la vaguada del año 2008. El embalse se llenó —como debía ser— ocasionando la pérdida de enseres y viviendas de los ‘pisatarios’. “Se prometió la construcción de una vía alterna que no dejara incomunicadas a las poblaciones de Potrero, Cupita, Cupotillo”. Esos asentamientos utilizaban una vía agrícola que atravesaba la represa y cuando estaba llena no se podía usar. Palencia reveló que la medida de no inundar el embalse debió ser algo temporal.

La prometida vía nunca se terminó, lamentó Palencia. Desde 2012 el embalse no se llenaba a su máxima capacidad porque en los últimos seis metros de su cota —de los 37 metros verticales que tiene la represa— hubo las ocupaciones campesinas y agrícolas. Justo en ese tramo, de las cotas 271 y 277 metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m.) se acumulaba entre 27 y 30 millones de metros cúbicos por la forma de cono invertido de la laguna. El 60% del embalse no se llenó a propósito, privando a los habitantes de Puerto Cabello y Juan José Mora que se abastezcan de agua en la actualidad.

Palencia dijo que ahora el problema es otro. La vaguada de 2008 arrasó la estación de bombeo de Temerla, que pasaba agua del río con igual nombre hacia el embalse de Canoabo para ayudar con su llenado. Desde 2006 las bombas no se utilizaban porque no hacía falta. Pero la crecida se llevó las bombas consigo. En enero de 2016 Hidrocentro prometió rehabilitar la estación Temerla en un mes. “Y lo hicieron, Temerla está rehabilitada, pero es que ahora no hay agua para transvasar por la sequía en la cabecera del río”.

El embalse sigue técnicamente seco: según la web de Hidrocentro su cota es de 243.43 m.s.n.m. Significa que tendría que caer un diluvio para que el río de Temerla tuviera suficiente agua para transvasar hacia el embalse a una velocidad de 263 litros por segundo. De lo contrario, lo que le espera a los habitantes del norte de Carabobo para 2017 es una sequía igual o peor que la de este año, explicó Palencia.

Los pisatarios ahora han casi desaparecido. Ya no quedan sino menos de cinco familias en las áreas inundables del embalse, dijo el militante de Un Nuevo Tiempo. No se han ido porque son casas grandes, de hasta dos pisos. “Ellos entienden que están en una zona prohibida. Nosotros se lo hemos dicho”. Aún si el Estado les indemnizara y removiera no habría tiempo de llenar el embalse. Todo apunta que la crisis en Puerto Cabello y Juan José Mora depende de un milagro climático.

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