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Mientras la mayoría de las economías avanzadas luchan para levantar la inflación, ninguno querría la situación de Venezuela: La inflación de precios al consumidor se prevé que llegará a 480 % este año y 1.640 % en 2017, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

La escasez de insumos médicos ha significado que niños y pacientes estén muriendo de enfermedades tratables. Soldados vigilan las tiendas de comestibles vacías. La inflación es tan crítica, que el Gobierno ha tenido que pedir bolívares a montón.

Caracas extendió el Decreto de Estado de Emergencia Económica. Por eso no asombra cuando muchos economistas dicen que la nación pronto tendrá que pedir un rescate al Fondo Monetario Internacional (FMI). El panorama se ha vuelto tan malo, que el Gobierno entregó el control de las reservas de alimentos a los militares, cediendo aún más poder a las Fuerzas Armadas.

Pero Venezuela, cuyo Gobierno rompió relaciones con el FMI hace casi una década bajo el mandato de su antiguo líder socialista, Hugo Chávez, no ha intentado restablecer relaciones con prestamistas de emergencia del mundo.

“No ha habido ningún cambio en la relación de Venezuela con el fondo”, dijo el jueves el portavoz del FMI, Gerry Rice. Mientras que el FMI ha instado a Caracas para restablecer una relación, “las autoridades venezolanas no han contactado con nosotros”, agregó.

China, que busca aprovechar las malas relaciones políticas que muchos países africanos y latinoamericanos tienen con los EEUU y las instituciones basadas en países occidentales como el FMI, ha estado dando a Venezuela y otros exportadores materias primas de bajo costo de préstamo para ayudarlos con la caída de los precios del petróleo. El año pasado, el país supuestamente obtuvo $10 mil millones en crédito para mantenerse a flote.

Aunque se trate de créditos para mantener el presupuesto que ha estado cojeando, para mantener incluyendo los costosos programas de subsidios masivos, y fortalecer los lazos políticos a Pekín, que no requieren los reacondicionamientos de políticas profundas, muchos economistas dicen que son vitales para la reparación de la economía rota.

Incluso si Venezuela se ha puesto en contacto con el FMI, dado que han pasado años desde que Caracas permitió a la institución internacional mirar sus finanzas, Rice dijo que “sería difícil dar consejos sin debates de fondo”.

Según el informe “América Latina y el Caribe en 2016: ajuste de una realidad más dura” de Alejandro Werner, director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, en Venezuela las distorsiones de política de larga data y los desequilibrios fiscales ya estaban teniendo un efecto perjudicial sobre la economía antes de la caída de los precios del petróleo. Estos problemas se agravaron con la caída de los precios del petróleo que provocaron una crisis económica, con una caída prevista en la producción de casi el 18% durante 2015 y 2016 (la tercera mayor caída en el mundo).

La falta de divisas ha llevado a la escasez de bienes intermedios y de gran escasez de bienes esenciales, incluyendo un saldo trágico-exigente de alimentos.

Con información de Wall Street Journal

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