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Aquella tarde lluviosa o seca, no la recuerdo, pero sí que había brisa la cual tampoco sabía de dónde venía; solo sentía que rozaba mi piel, quizás erizada o sensible. Qué extraño, esa misma piel endurecida y gruesa por el duro trajín de aciagos días de tristeza, sumisión obligada y golpeada por insultos, vejaciones, ofensas y mentiras provenientes de reyecitos de naipes, hoy se volvía a sentir orgullosa de su sensibilidad. Allí estaba lo que siempre tuve, la fuerza de la esperanza que me hizo fundar y hacer crecer una familia.

Ruido, si mucho ruido.  Gente, si mucha gente se movía de un lado para otro. Todo iluminado, se oían anuncios diversos y la vista se iba hacia una pantalla que anunciaba cosas. El reloj avanzaba y que alegría sentía porque avanzaba. Ansiedad, angustia, un poco de todo, se forjaba dentro de mí, algo se preparaba y me transformaba. También aquel nerviosismo que no puedes detener ante un evento que se acerca y esperas. ¡Dios mío!!!, han sido años de espera, de refugiarme en mi mismo sin más refugio que un sueño y sin más opción que adaptarme.

Desde niño había construido papagayos, aviones y barcos de papel que navegaban en las corrientes de agua que quedaban al borde de las calles luego de la lluvia. Allí navegaba la ilusión, la cual creció junto con la edad y entonces el barquito de papel se convirtió en conocimiento con el estudio y emoción con el amor, para que el pasajero inicial del barco que era la ilusión se transformara en familia, el trabajo en progreso, la honestidad en respeto y en fin: Una vida digna, objeto de todo ser humano.

Aquella tarde me acordé de todas esas cosas y seguían los anuncios por los altavoces y la gente seguía caminando, pero eran otros; si eran otras personas, pero nada importaba, en mi mente solo estaba la espera que con el correr de los minutos se hacía más hermosa.

De pronto, me entero de que no estoy solo, en los rostros de muchos de los que estaban a mi alrededor visualizo la misma expresión, la misma sonrisa y el mismo brillo en los ojos, que aunque con más años en la piel han vuelto a destellar con el mismo fervor que brinda la juventud. Si, somos muchos, muchos que esperamos con ansias.

Ya todo se me confunde, pasillos, puertas de vidrio que se abren y se cierran, gente de un lado al otro. De pronto se oyen pasos, unos de ellos cortos y rápidos, y se oye el grito: “¡abuelo… papá, bendición! La fuerza de la esperanza explota en todo mí ser, se confunden mis brazos con lo cortos de mis nietos y a la vez me cubren los de mis hijos. Ya no respiro, no veo por las lágrimas que me embargan, ya no oigo ningún ruido ni anuncio, solo siento.

La ilusión viajera del barco de papel no se ha perdido y ha retornado a donde siempre debió estar. Mi familia ha vuelto a su país, a sus raíces y sus cimientos. Ha llegado el vuelo que tengo más de una década esperando.

Esta imagen la tenemos miles de venezolanos en nuestras mentes. Pero la única posibilidad de que ocurra es que de una vez por todas desplacemos al Régimen que de manera pública, notoria y altanera se ha declarado dictatorial al no reconocer a la Constitución y simplemente abolir las elecciones, alma y sustento de la democracia.  “No habrá ningún tipo de elección, ni revocatorio ni de gobernadores. Nos quedamos con el poder porque nos da la gana y tenemos las armas”…. Eso es lo que se deriva de su conducta, por demás nada escondida ni subliminal.

Sin embargo, el toque de Diana ahora se oye fuera de los cuarteles donde se iza la bandera cubano-venezolana, símbolo del sometimiento de nuestro país. Ese toque de Diana está en las calles, en las casas de los ciudadanos que ya decidieron independizar nuevamente al país, pero lo haremos con nuestra presencia y participación en el único sitio donde lo podemos hacer: en la calle. Recordemos que nuestra arma somos nosotros mismos. Este primero de septiembre estaremos en la Toma de Caracas que será el símbolo inicial de la lucha definitiva por el rescate de nuestra nación, de nuestra vida, de nuestros hijos y nietos. De nuestra vida republicana que nos la pisotearon y destruyeron. Somos hombres y mujeres del mundo actual y no del oscurantismo y retraso en que nos han sumido nuestros mediocres y delincuentes gobernantes.

Es ahora, depende de mí y es desde el 1ero de septiembre de 2016.


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