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Hernani Zambrano Giménez/[email protected]

Una prueba de inmadurez o irresponsabilidad en las personas la observamos cuando hay algo que sale mal. En estos casos, la salida inmediata puede ser echarle la culpa a otros. La tendencia culpabilizadora de pensar que el culpable es otra persona, o son otras personas, es muy común; en consecuencia, bajo esta manera de ver el mundo, creemos que nosotros somos quienes hacemos las cosas bien. Creemos que no tenemos que ver con la situación problemática, ni con las fallas cometidas, y que hay una culpa de alguien o de los demás, porque no lo hicieron bien. ¡Los demás siempre son los culpables! El planteamiento es muy simple: “Si los demás lo hubiesen hecho bien, o si alguien lo hubiera hecho bien, no estaríamos ahora sufriendo las malas consecuencias”. Cuando pensamos de esta manera, propiciamos el señalamiento o la búsqueda de quién: ¿quién o quiénes son los culpables de haber causado la situación, falla o problema. Al pensar así, nos “lavamos las manos” ante lo que ha ocurrido, y distorsionamos los hechos y las evidencias…

Para la casi mayoría de las personas, el mundo está dividido entre culpables y no culpables. Eso parece ser la lógica en todo. Pero, hay consecuencias al pensar asi, porque al conseguir a un culpable, entonces todo estará arreglado; porque encontrar al autor de la desgracia es más importante que proponernos solucionar el problema con una acción correctiva. ¡Esto es lo que ocurre cuando culpabilizar es una solución…!

Hay casos en que culpar a alguien puede conseguirse “solución” en algunos problemas. Esto parecería ser cierto en principio, sin ver cuál fue tal “solución”, a quiénes afectó tal “solución”, y cuáles son las consecuencias posteriores. Pero, lo que interesa saber es ¿hacia dónde se dirige la “solución” de la situación? ¿Qué ocurre al culpar a quien no ha estado implicado?

El problema es que se señalan culpables, aun cuando las causas estén presentes, sin que se les precise, causando perjuicios; sin que se les muestre para hacer los cambios que eliminen el problema. Pero, hay más daños aun. Como el manejo de la situación está emocionalmente contaminado desde el principio, con persecuciones, las reacciones siguientes se cargarán de agresividad y se dificulta el análisis de causas para erradicarlas. La tendencia automática a la culpabilización aumenta según la agresividad que esté presente en la persona al percibir una situación, y según se le afecten sus intereses. Mientras más furia exista buscando culpables, estaremos más desorientados y seremos más ineficaces. ¡Se iniciará una cacería de brujas! ¡Entonces, a protegerse, porque buscan a alguien, y sálvese quien pueda!…

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