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Dayrí Blanco|@DayriBlanco07

Juan José no entiende muy bien lo que pasa a su alrededor. Él escucha a otros niños llorar y el lamento de sus madres. Tiene tres días compartiendo camilla con otros dos bebés, todos menores de un año. El hacinamiento en esa calurosa sala de emergencia pediátrica es evidente. Ahí, en el hospital Jorge Lizarraga de la Ciudad Hospitalaria Enrique Tejera (CHET), la precariedad se impone. Las lágrimas de Alejandra Álvarez así lo dejaron claro, con su hijo en brazos se mostró desesperada al no tener seis mil bolívares para hacerle una radiografía.

El drama es generalizado, aunque cada caso es particular. Juan José tiene 16 días de nacido, tuvo una complicación respiratoria en casa y tuvo que ser llevado al centro asistencial donde no hay incubadoras disponibles para él. Está conectado a una cámara de oxígeno sobre una camilla sin sábanas y junto a otros niños con patologías distintas.

En esa emergencia las habitaciones están colapsadas. Así que el personal médico tuvo que improvisar e instalar más de 10 camas en los pasillos, donde una niña de cinco años espera por un trasplante de hígado, otra se recupera de varias convulsiones y hay casos de afecciones severas gastroenterólogas. En condiciones normales no estarían juntos, pero no hay otra opción.

En el lugar todo falla. No hay aire acondicionado, el personal de mantenimiento no cuenta con insumos para hacer la debida limpieza y desinfección, por lo que a Moraima Peña se le veía espantando con insistencia las moscas sobre su hija con asma, y los baños tienen las tuberías colapsadas y funcionan condiciones de insalubridad extrema.


María Porte es testigo de la tragedia. Tiene 13 años acudiendo con frecuencia a la unidad de nefrología pediátrica. Su hijo de 17 años sufre de una enfermedad renal crónica estado cinco, el más grave. Ha recibido tres trasplantes de riñón, todos fallidos. La patología está en su fase más aguda.

No solo las emergencias se enfrentan a esta crisis. Jenny Arocha es mamá de Yorman. Tienen dos meses en el hospital esperando por el tratamiento de quimioterapia para el niño de siete años que padece de leucemia. Ella ante él se muestra fuerte, “él es un guerrero”, pero al darse la vuelta llora inconsolablemente “no quiero que mi hijo se muera”, expresó con el temor matizando cada una de sus palabras. No tiene recursos para comprar las medicinas. Ya hasta ha pedido en la calle para poder comprar comida en su paso por el hospital.

150 mil bolívares en seis días

“Ya perdimos la pena”, expresó Laura Mejías al relatar que a diario ella y familiares salen a la calle a pedir dinero y a vender sus pocas pertenencias materiales para poder conseguir lo necesario para mantener hospitalizada su nieta de seis meses. Ya cuentan seis días en el lugar esperando por una intervención quirúrgica. Tiene meningitis.

En total han gastado más de 150 mil bolívares. “Nosotros no tenemos los recursos necesarios para costear todo lo que nos piden porque simplemente aquí no hay nada. Todos los remedios tenemos que traerlos. Otros no han podido y desde el sábado hemos visto morir a 12 niños”.

En un mes y medio la familia de José Blanchar ha gastado más de 600 mil bolívares. Él está en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de adultos tras una crisis epiléptica convulsiva. “Hay que comprar todo. Desde las hojas para los informes médicos hasta cada una de las medicinas y los implementos médicos, y los exámenes los tenemos que hacer en laboratorios privados”, relató su sobrina, Osleiny Pérez.

Protesta de médicos

Los pacientes no mienten. Por eso el personal médico de la CHET salió la mañana de este jueves a protestar con ellos en las afueras del hospital. Ricardo Rubio, presidente de la Sociedad de Médicos Residentes del lugar, no titubeó en denunciar que hace dos años comenzaron las irregularidades en la dotación de insumos, pero los últimos cinco meses han sido los peores “prácticamente no llega nada”.

No hay guantes estériles, ni de examinación, llegan pocas soluciones, no hay antibióticos, ni anticonvulsivantes. Los inventarios están en cero, pero los buhoneros lo tienen todo, incluso con el logo del Ministerio de Salud.

Jenifer Correa ha tenido que pagar las soluciones que le piden a su hijo hospitalizado en el área de traumatología entre cuatro mil a 10 mil bolívares “todo depende del bachaquero y de la hora”. Al día ha gastado hasta más de 50 mil bolívares.

El doctor Rubio confirmó las condiciones de insalubridad del lugar. “Las instalaciones hospitalarias se deben limpiar con gerdex y hay ocasiones en los que solo tenemos un poquito de cloro que se mezcla con agua. Por eso hay moscas y los baños son un asco”.

Las consecuencias son el incremento en los casos de muertes de pacientes. Víctor Molina, residente de segundo año de la maternidad, alertó que todos los días se le pide a los familiares todo y muchos no cuentan con recursos ni para comprar un par de guantes “y hemos tenido casos de pacientes que paren solas porque sin implementos de seguridad para nosotros no podemos atenderlas”.

No hay ni agujas para anestesia a las embarazadas y el área neonatal está hacinada. “Hasta tres bebés se colocan en una incubadora y muchas pacientes terminan con sepsis e infecciones severas porque en los quirófanos hay moscas y no hay aires acondicionados”. Tampoco hay capacidad para atender recién nacidos que merecen cuidados intensivos “no hay ni equipos para conectar a respiradores mecánicos a los niños”.

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