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Luis Alejandro Borrero | @LABC7

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La tela de la sombrilla de Francis Cárdenas luce desgastada. Es azul celeste con estampado de flores rosadas. Quizá ha perdido color por tanto sol. Pero era todo lo que protegía a la señora cuando el martes al mediodía se acercaba con paso lento a la alcabala de la Guardia Nacional Bolivariana que custodia la entrada del Mercado Mayorista de Tocuyito. Un militar se le adelantó y no dejó que se aproximara más. “Señora, no puede estar aquí, por favor. No hay paso”. Cárdenas se refugiaba del calor mientras escuchaba, e intentaba explicar lo importante que era para ella poder pasar al mercado. No tuvo éxito.

—Esto tiene que llegar a oídos de Maduro, dijo la señora mientras se daba la vuelta.

—¿Qué cosa?

—El militar dice que la comida se la llevaron de aquí. Que la van a repartir en los CLAP. Pero a mi la última vez que me llegó fue en mayo.

—¿Qué traía?

—Un kilo de leche, uno de azúcar, uno de arroz y un paquete de harina de Mercal ¿Con eso puede comer una persona tres meses? Aquí uno venía, y conseguía los productos el triple de caro. Pero ahora ni siquiera hay.

Cárdenas vive en el sector El Molino de Tocuyito. Allí le acompañan su esposo y dos nietos. Ha sobrevivido gracias a sus ocho hijos. Uno pasó ocho días en Barquisimeto para comprar un bulto de arroz. Otro manda lo que puede desde Puerto La Cruz. “Como le digo al guardia: Quisiera ir a la casa de los que administran esos CLAP a ver si están pasando la pobreza que nosotros”.

El Gobierno, a través de Diosdado Cabello —vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV)— ordenó la ocupación del Mercado Mayorista por el supuesto acaparamiento y sobreprecio de productos el jueves pasado. El Ejecutivo se apoderó de más de 200 toneladas de alimento, según la Superintendencia de Derechos Socioeconómicos (Sundde). Seis días después ya la gente como Cárdenas estaba de vuelta buscando comida.

El dirigente del PSUV en Carabobo y diputado de la Asamblea Nacional, Saúl Ortega, dijo el lunes que los alimentos serán distribuidos a través de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). El programa consiste en la venta de bolsas de comida casa por casa que hacen coordinadores afiliados al chavismo. Para Cárdenas no hay esperanza en que pueda haber beneficio para la mayoría.“¿Quiénes se quedan con eso? Ellos mismos”, se respondió.

¿MAL NECESARIO?

Las inspecciones continúan. No se sabe hasta cuándo puedan extenderse. “La idea que tienen los del Gobierno es fiscalizar todo”, comentó Alfredo García, un chileno que reside en Venezuela desde 1978 y que administra un comercio en el mayorista.

El mercado era un caos, asegura. Un kilo de azúcar se conseguía, pero en cuatro mil 500 bolívares. Un kilo de arroz podía costar mil 900 bolívares; el café tres mil 500 bolívares el kilo; un kilo de leche en cuatro mil 500. Todo era excesivamente costoso. Por eso cree que lo que ahora vive es parte de un mal necesario. Su negocio está cerrado y a él le tocaba hacer cola mientras adentro se desarrollaba la inspección. Se llamaba al responsable de cada local cuando los fiscales de la Sundde llegaban a hacer revisiones uno por uno.

Cárdenas, en cambio, está preocupada por lo que pueda venir. Su esposo trabajaba vendiendo verduras que compraba en el mayorista. Su futuro es incierto mientras dure el cierre. La mujer había caminado desde El Socorro, en Tocuyito, para conseguir solo una bolsa con una lata de sardinas, un paquete de sal y un frasco de queso fundido.

—Está bien que Maduro sea presidente, pero yo pregunto ¿Dónde compra la gente que lo sigue a él? para yo ir también y comprar. Así como Dios hace salir el sol para buenos y malos, tiene que haber comida para todos, no solo para quienes están con ellos, lamentó.

No hay posiciones oficiales. Ningún funcionario del Sundde en Carabobo está autorizado para dar detalles, dijo un fiscal a El Carabobeño sobre del operativo que inició con mil efectivos la semana pasada y que, el martes, tenía a dos camiones del comando de Seguridad Urbana de la GNB en una esquina del mercado trancando el paso de la calle lateral; una tanqueta antidisturbios en la entrada y apoyo de la policía del municipio Libertador en la esquina. Los peatones fueron desalojados del perímetro. A cualquiera que se acercaba se le ordenaba caminar más allá de la acera.

Los vendedores de hortalizas montaron campamentos afuera del mercado para resguardar su mercancía (Foto: Saúl Zerpa) 

LOS DESPLAZADOS

Dentro del mayorista hay un terreno central que denominan popularmente ‘La playa’. Allí desde hace año se ubican los vendedores de hortalizas. Pero desde la intervención fueron sacados y confinados a las afueras del mercado, en los terrenos adyacentes a la autopista Valencia-Campo Carabobo. En la más grande paradoja que han vivido en meses, fueron obligados a montar carpas afuera.

No podía ser diferente. De otro modo su mercancía también habría sido robada, dijo uno de los comerciantes, que pidió anonimato por temor. “Lo perdimos casi todo. La guardia se llevó la mercancía”. Incluso dos carruchas que le servían a su socio y siete empleados para descargar las cajas de ocumo, yuca y otros víveres que vendía. “Entre mi socio y yo hemos perdido unos 3,5 millones de bolívares”.

Llevan tres días acampando afuera del mercado. No tienen cómo resguardar la mercancía que no sea durmiendo al lado de las cajas. Comen y hacen sus necesidades en el monte. Este comerciante no era el único: varios han hecho lo mismo para evitar que las pérdidas sean mayores. Incluso un señor dormía encima de las paletas de madera donde se ponen las cajas.

Los verdaderos culpables no fueron apresados. El hombre comentó que él mismo veía cuando llegaba un camión de comida y cómo los guardias que operaban en el mercado mayorista supuestamente lo desvalijaban. “Nos golpeaban los tobillos con carretillas, diciendo: ‘¡fuera fuera!’ Luego los veías saliendo en las motos con los bultos de harina. Uno no puede hacer más nada que quedarse callado”, dijo el vendedor de hortalizas que ahora acampa afuera.

Lo poco que quedó fue rematado. A pesar de la intervención la gente acudió el martes al mercado para comprar. Una bolsita con más de siete tomates en 300 bolívares. Subir el precio era arriesgarse a perderlo todo. Muchos lograron deshacerse de la mercancía.

—A pesar de lo que hicieron con la intervención esto va a ponerse peor, dijo el comerciante.

—¿Por qué?

—Porque no hay comida. Mi esposa tiene tres meses buscando de mercado en mercado . La gente tiene hambre.

Nunca Cárdenas había llegado a lo que ella llama el extremo. Pero la mañana del martes lo experimentó. Tuvo que hacer plátanos sancochados con pasta para el desayuno de sus nietos. Harina para arepas no consiguió más. El pan es muy costoso y con lo que tiene no le alcanza. “Éramos ricos, no lo sabíamos”.

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