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EFE

“Ser
crueles está en nuestro ADN”, afirma el actor francés Jean Dujardin, quien
en su último filme, “Un hombre de altura”, se mete en la piel de un
arquitecto de 1,36
metros que se sobrepone a la mirada de los demás para
conquistar a su amor.

La gente, señala te puede decir “cosas horribles. Tenemos un
ojo crítico que siempre juzga
. Es difícil aceptarlo todo”.

Pero lo suyo “no fue más que
un truco”, que le encogió en pantalla para replicar a Virginie Efira a las
órdenes de Laurent Tirard, en un proyecto que no pretende dar lecciones
“porque la gente es lo suficientemente inteligente como para que no las
necesite”.

Dujardin se aleja con su
contención de los códigos que le dieron a conocer en todo el mundo en “The
Artist”, pero recalca que como intérprete no se siente condicionado por su
físico: “Actúo con mi voz, con mi boca, con mi persona. No me digo, soy un
cuerpo”.

En esta versión de la película
argentina “Corazón de león”, de la que solo vio el principio para
comprobar “si estaba en la misma onda” que su protagonista, la
comedia procede de los personajes secundarios, de esa madre o secretaria cuyas
críticas o comentarios torpes evidencian la diferencia.

Aunque sus 1,80 metros de altura
le hacen inmune a las miradas que sí recibe su último rol, que se vale de su
carisma para derribar las dudas de su nueva pareja, dice ser consciente de que
la fama le coloca igualmente en el foco de atención.

Es normal que se le mire, afirma.
“Hay que asumirlo para que no te moleste. Es como con los autógrafos.
Quien te lo pide cree que es el primero aunque sea el número 20. Al final te
entregas. Cuesta menos decir sí que no. Tengo una vida muy buena y no debo
olvidarlo
“.

Esa vida dio un vuelco a escala
internacional en 2011, cuando “The Artist” le valió un Oscar y un
premio a la mejor interpretación en Cannes.

“Creo que todavía se tiene
de mí esa imagen de un tipo con bigote, en blanco y negro, que sonríe, pero yo
vivo mi vida de actor cuando debo, y de hombre cuando no actúo. Si quieres
comportarte como una estrella puedes, ponerte gafas negras, lunas tintadas,
cuatro guardaespaldas, pero si no lo haces tampoco pasa nada”, dice.

Dujardin señala que, para dar lo mejor de sí mismo en este oficio, se tiene que divertir
y recalca que le sigue motivando en la actualidad la posibilidad de meterse en
la piel de otros.

“Que te paguen por eso es
una suerte inédita”, añade un intérprete al que no le gusta que los directores
le sobrecarguen de información y que prefiere que todo se hable “lo
suficientemente” antes, para que durante la filmación esté libre de
interferencias.

Dujardin acaba de terminar el
rodaje de “Brice de Nice 3”
, donde regresa a uno de sus personajes
fetiche, “un surfero idiota que jamás me ha abandonado”, y a partir
del próximo marzo volverá a trabajar con Tirard.

“Luego escribiré proyectos,
me tomaré mi tiempo, descansaré, porque he tenido un buen año”, concluye
un hombre que no se ve especialmente atraído por el Hollywood actual, porque
“para tener carrera allí hay que estar allí, y yo no quiero y no creo que
pueda ser otra cosa que un actor francés que actúa en inglés”. 

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