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Felícita Blanco

Maury Caraballo (24) fue asesinado de un tiro en el rostro por haber intentado recuperar los 30 mil bolívares que le prestó a un sujeto hacía casi dos meses ya que ahora los necesitaba para comprarle pañales a su hijita de dos meses.

El hombre tenía tres semanas sin pasar por el sector Los Samanes, avenida principal de El Cementerio y regresó el viernes en la noche. Caraballo estaba frente a su casa, con su madre Aminta Lord de Caraballo y un primo,  y le pidió que le devolviera el dinero. El hombre le respondió “en cinco minutos vengo a pagarte”, eran las 7:45 cuando regresó de parrillero en una moto, con una gorra para ocultar su cara y llamó a Maury.

“Ven para que rescates tus reales”, le dijo. El joven confiado caminó hacia la moto, mientras el delincuente hacía un ademán como para sacar dinero del bolsillo, pero desenfundó una pistola y le disparó en el rostro a sangre fría. Un segundo tiro le pegó en un brazo.

Su madre corrió a tratar de salvarlo, pero el delincuente también le disparó, sin alcanzarla, porque un familiar la empujó contra el piso.

La víctima era el menor de los tres hijos de Aminta Lord y trabajaba como vendedor de zapatos en Inversiones Mérida Bonita, ubicada cerca del mercado La Hormiga, en El Cementerio. Ella es líder vecinal, dedicada al trabajo comunitario y carcelario. Impactada por la muerte de su hijo que el domingo 21 cumplió los 24 años, dijo “tenemos que irnos de este país. Después de esto no quiero seguir viviendo aquí. Quiero irme y no volver más nunca para acá”.

Ella y sus familiares llevaron al joven al hospital del Seguro Social de El Cementerio. “Iba vivo, en el trayecto le decíamos aguanta papi que ya vamos a llegar”.

Las doctoras trataban de atender al muchacho, pero “no había ni un suero para ponerle, ni ambulancia para trasladarlo. La doctora me decía Aminta, no puedo ayudarte, tu hijo se está muriendo, y yo les rogaba ‘sálvenme a mi muchacho´ pero no pudieron”.

“Señor presidente, vea como sufrimos las madres por nuestros hijos, nosotros ya no importamos, estamos viejos, pero a los jóvenes los matan por un teléfono, por cualquier cosa, ayúdenos, o tendremos que irnos del país”, expresó.

Los vecinos dijeron que el homicida vive en la Cota 905, parte alta de El Cementerio, y después de matar a Caraballo se reunió para beber anís con sus amigos y celebrar por los 30 mil bolívares “que le quitamos a ese gallo”.

Aminta perdió la fe en su país. “Aquí nada vale la pena, todas las noches pongo el país en manos de Dios. Cómo es posible que un pastor de una iglesia tenga que salir escoltado por el Sebin para que no lo secuestren? ¿Por qué nos pasó esto si antes dormíamos con las puertas abiertas? No entiendo”, cuestionó.

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