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Juan Carlos Herrera y su familia asistieron, el pasado
domingo,  a la misa de las 11 de la
mañana en la iglesia de La Ermita para pedir por su hijo, uno de los dos reos
desaparecidos, aparentemente asesinados en el motín que durante un mes se extendió
en Policía de Táchira y culminó el 7 de octubre.

Aún priva en el ambiente la presunción que los cadáveres de
los dos jóvenes fueron comidos por otros presos, que se vieron obligados a
hacerlo por el grupo de amotinados.

Con el semblante aún más deteriorado, a Herrera se le notaba
física y moralmente agotado, casi se le veía acorralado.  Ni él ni su familia gozan todavía de la  medida de protección que  les otorgó el Ministerio Público el lunes
pasado, luego de graves denuncias que formuló contra algunos funcionarios de
Politáchira.

Al parecer, este trámite se ha visto obstaculizado, por
razones desconocidas, aun cuando afirmó que ha estado recibiendo amenazas que,
considera, podrían ser de muerte.

“Así como me ve, ando solo. No me han asignado ninguna
protección. Ahora dicen que eso es cosa de tribunales, y yo la verdad no quiero
seguir ya, estoy cansado.  La protección
que tengo es solamente la  de Dios y de
mi familia. Esto es desesperante, un día me quedo en casa de un familiar o  de un 
amigo, y al día siguiente en otro lugar; esto no es vida. Yo soy
latonero y pintor automotriz, pero ya no puedo trabajar, no puedo mantener a mi
familia (de seis miembros).

Estoy incluso buscando la forma de salir de aquí, de irme de
mi país que quiero tanto, porque es que ahora a los sitios donde me he quedado
han llegado personas  preguntando por mí
y han manifestado que lo mejor es que me calle, porque no saben lo que puede
pasar; eso son amenazas y,  lógicamente,
muchos (familiares y amigos) temen que puedan arremeter contra ellos y ya no
quieren que vaya a quedarme.

Yo no tengo enemigos, nunca he tenido enemigos, más bien
tengo muchos amigos, que han conocido  mi
lucha  y mi trabajo social en la parte
deportiva, porque yo entrenaba un club de fútbol de categorías,  desde los 4 años hasta mayores, pero ahora no
puedo siquiera hacer eso. Pero, a pesar de todo eso, pido a Dios que a esas
personas que pudieron haberle hecho  daño
a mi hijo, que les garanticen sus vidas, que se les proteja, ya que el Gobierno
no pudo proteger la de mi hijo”, relató de forma detallada Herrera, para luego
continuar su camino. 

Con información de La Nación 

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