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Antonio Ecarri Bolívar

Si algún partido político venezolano
ha tenido una relación con los militares, de vieja data, es Acción Democrática.
Ha sido una relación de muchos vaivenes, altos y bajos, por ello hemos
entendido que su papel es de vital importancia en la estabilidad institucional
de la República y, en consecuencia, cuando se apartan de su verdadero rol de
garantes de la seguridad de la nación para inmiscuirse en política, cometen el
disparate de enajenarse a la parte de la población que no comulga con la
ideología a la que se hayan adscrito.

Los militares llevan armas no por
machos ni por guapetones, sino porque los ciudadanos les han confiado esa
tremenda responsabilidad para ser defendidos por ellos de eventuales agresiones
externas; pero jamás para que esas armas, confiadas a su discreción, sean
usadas para dirimir diferencias políticas e ideológicas de esos mismos
ciudadanos, propietarios de las mismas, que se las han dado en préstamo para su
protección.

La verdadera y auténtica alianza
cívico-militar es la de mantener el respeto por el papel diferente entre las
potestades de los ciudadanos y las facultades de quienes visten de uniforme.
Los ciudadanos, a través de partidos políticos y organizaciones de la sociedad
civil (ONGs, Gremios y sindicatos) deben estar ocupados en dirigir las
instituciones y los militares dedicados a proteger esa institucionalidad, sin
inmiscuirse en sus deliberaciones.

En esta circunstancia que vive
Venezuela con una institucionalidad precaria, por culpa de un régimen que ha
despilfarrado su capital político en aras de una ideología fracasada, los
militares no pueden abrazar otra ideología distinta al patriotismo. Ya lo decía
Rómulo Betancourt al caer, gracias a una unión cívico militar, la dictadura
perezjimenista: “Por el conocimiento directo que tuve de la oficialidad de las
distintas armas, durante la época en que ejercí la Presidencia de la República
/1945/ adquirí la convicción de que en mis compatriotas de uniforme había
reservas de patriotismo, de verdadero espíritu institucional; y esta afirmación
la hago porque el peor de los errores –crimen más que error– sería adoptar
actitudes que contribuyan a alimentar la prédica que durante diez años se hizo
en los cuarteles, de que había un abismo insalvable entre la Venezuela que
viste uniforme y los seis millones de compatriotas que visten de civil”.

Este régimen, durante 17 años, ha
mantenido el empeño de pretender ideologizar a las Fuerzas Armadas y eso es
fomentar un abismo entre la sociedad y los militares. Eso era un crimen cuando
vivía Chávez y eran mayoría, aunque nunca totalidad obviamente; pero ahora, que
esa ideología absurda ha caído, como tenía que caer, en el basurero de la
historia y se ha convertido en minoría pírrica, entonces, seguir manteniendo
esa postura política e ideológica se convierte, por suerte de birlibirloque, en
una tremenda estupidez. He allí su desprestigio, registrado en todas las
encuestas de opinión.      

Es por todo ello que estamos convencidos
de que si un militante de AD o de cualquier otro partido político integrante de
la coalición (MUD), que integramos, llega a Miraflores ratificará, frente a las
fuerzas armadas, la doctrina militar institucionalista que nos legó Betancourt
cuando dijo, siendo Presidente electo en 1959, en los cuarteles que visitaba:

“Yo sólo voy a pedirles que respeten
el orden institucional de la República, que sean guardianes de la Constitución
y de la voluntad del pueblo. Por mi parte, les garantizo que durante mi mandato
la institución armada no será objeto de ninguna maniobra partidista y que se
respetará en todo momento el espíritu y la fisonomía que a la misma conforma,
de institución al servicio de la República y no del personalismo”.

Esa es la garantía que tienen los
militares al saber que Acción Democrática integra la Mesa de la Unidad
Democrática, mientras que la sociedad civil puede descansar en la seguridad que
esa doctrina no es una simple teoría, sino una decisión soberana que la
impondremos con la fuerza y la majestad que otorga la Constitución al
Presidente de la República, como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, sin
banderas políticas de ningún tipo. 

[email protected]

@EcarriB

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