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Beatriz Rojas

El panorama observado este miércoles en los alrededores del Abastos Bicentenario, en la avenida Bolívar norte, confirmó el dicho popular según el cual “la necesidad tiene cara de perro”. A pesar del fuerte aguacero que ha caído durante varias horas  sobre la ciudad, los clientes cuyas cédulas terminan en 4 y 5 se mantuvieron en cola para poder comprar productos a precio regulado.

Quienes que pasaban por la avenida Bolívar, en vehículos particulares o en transporte público, se quedaban asombrados por la fortaleza que tuvieron estas personas de aguantar el aguacero que caía sobre sus cuerpos, con tal de no perder su puesto en la fila que le permitía adquirir los pocos  productos que estaban vendiendo.

La cola no era nada corta y daba lástima ver a ese grupo de ciudadanos, la mayoría sin paraguas, esperando su turno para entrar al abasto.

Pero eso no es otra cosa que la evidencia de que la crisis que se vive en el país, obliga a la gente a hacer lo que esté a su alcance para ahorrarse algo de dinero.

Al mediodía la tienda no tenía en disposición ningún producto alimenticio, sólo pañales, detergente en polvo y champú, pero igual los clientes esperaron para adquirirlos. Por supuesto en la fila también había bachaqueros que intentaban comprar barato para sacarle provecho económico a los productos.

Un poco más arriba, en los alrededores del Centro Comercial Profesional, de la avenida Bolívar, había otro grupo de personas esperando para comprar en otro supermercado. Las condiciones de la infraestructura los ayudó, por eso no se estaban mojando. Allí estaban vendiendo, entre otras cosas, dos litros de aceite comestible por persona. Quienes lograban adquirirlo salían alegres del establecimiento, pues este producto no se consigue regularmente en la red de comercialización.

Unos metros más arriba, en otro supermercado, los clientes decidieron no mojarse por lo que no había cola en los alrededores.

Por efectos del aguacero que cae sobre la ciudad, los ciudadanos tuvieron que esperar bastante por el transporte público. Las paradas se apreciaban repletas. Varias damas que caminaban bajo la lluvia, prefirieron hacerlo descalzas, tal vez por tomar en cuenta que los zapatos están muy caros.

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