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EFE

La malnutrición es la principal
amenaza para la salud a nivel global y como tal debe ser combatida desde todos
los frentes, destacaron hoy en Roma un grupo de expertos internacionales.

Según un informe del panel
mundial sobre agricultura y sistemas de nutrición a partir de datos de 2013, el
riesgo que las dietas pobres plantean a la mortalidad y la morbilidad es ahora
mayor que los riesgos combinados de las relaciones sexuales sin protección, el
alcohol, las drogas y el consumo de tabaco.

El investigador principal de este
grupo impulsado por el Departamento británico para el desarrollo internacional
y la Fundación Bill y Melinda Gates, Lawrence Haddad, explicó en un acto que la
mayoría de los factores de riesgo identificados en la carga de enfermedades a
nivel mundial están vinculados a la dieta.

La malnutrición es un problema
que ya afecta a una de cada tres personas en el mundo y sigue una tendencia al
alza en todos los países que, si no se cambia, terminará afectando a una de
cada dos personas en 2030.

Para entonces se calcula que
habrá unos 3.280 millones de individuos con sobrepeso y obesidad, frente a los
cerca de 2.000 millones que lo sufren actualmente.

Haddad explicó que el aumento de
los ingresos en muchos países ha supuesto avances relativamente
“automáticos” en el acceso al agua y otros servicios básicos, pero no
así en el caso de la nutrición.

Al igual que ha crecido el
consumo de alimentos saludables como las frutas, las semillas o las nueces,
también lo ha hecho el de productos menos recomendables como las carnes
procesadas o las bebidas azucaradas, según datos recogidos en el informe.

El especialista llamó la atención
sobre la importancia del “ambiente alimentario”, en el que una
variedad de factores determinan el grado de facilidad que tienen los
consumidores para elegir alimentos saludables.

En ese sentido, el consumo de
alimentos de calidad puede resultar difícil incluso para las clases más
pudientes en un ambiente en el que abunda la comida basura y muy procesada.

Así como los precios de estos
últimos productos se han abaratado, los de las frutas y verduras se han
encarecido en varios países en desarrollo analizados en los últimos 20 años, lo
que hace que muchas familias pobres no se lo puedan permitir.

“Los sistemas alimentarios
no están afrontando el problema de la malnutrición”, sostuvo por su parte
el presidente del panel mundial, John Beddington, que enfatizó las tensiones a
las que se ven sometidos como consecuencia de la urbanización, la
globalización, el cambio climático, los cambios demográficos y la competición
por los recursos naturales.

Para reformar esos sistemas,
Haddad instó a los poderes públicos a encontrar la forma de trabajar con el
sector privado en todas aquellas iniciativas que puedan funcionar.

Pidió invertir en la
investigación de cultivos como las legumbres, frutas y verduras, como se ha
hecho tradicionalmente con los granos, para aumentar los ingresos de los
agricultores y que el sector público asuma la compra de alimentos en escuelas y
hospitales para promover la alimentación de calidad.

Entre otras recomendaciones
figuran la búsqueda de incentivos fiscales para que las empresas mejoren sus
productos desde el punto de vista nutritivo y el apoyo a las políticas para los
alimentos de origen animal, los cuales proporcionan importantes nutrientes,
siempre y cuando se basen “pragmáticamente en la evidencia en lugar de la
ideología”. 

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