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Beatriz Rojas @rojas_beatriz

Por efectos de la lluvia que cayó esta mañana sobre la ciudad, la celebración del Día del Niño en Valencia comenzó pasado el mediodía. Los espacios públicos así como algunos privados, estuvieron más concurridos que nunca.

Solo los niños afortunados recibieron obsequios en su día, pues la alta inflación impidió que sus padres los complacieran con los juguetes que deseaban. Por eso la alternativa fue llevarlos a los parques y plazas de la ciudad, donde pasaron una tarde diferente.

Una de las cosas que más le gusta a los niños es saltar dentro de los charcos y mojarse. De eso pudieron disfrutar quienes llegaron cerca del mediodía al parque Negra Hipólita, a pesar de la mala cara de sus padres.

Este centro recreativo, así como el parque Fernando Peñalver, por tener entrada gratuita, representa el mayor atractivo para los ciudadanos. Y el Día del Niño, concentra una gran cantidad de personas.

Los más chiquitos se montaban en todos los aparatos a su disposición, mientras que los grandecitos andaban en bicicleta o alimentaron las ardillas junto a sus padres.

César Cordero, padre de tres niños, comentó que hizo el sacrificio de llevarlos al parque, pese a estar trasnochado por el trabajo, porque no cuenta con recursos suficientes para comprar un regalo a cada uno. “Aquí se entretienen y así disfrutan”.

En el Acuario de Valencia las actividades culturales y recreativas tuvieron que ser reprogramadas por la lluvia. Sin embargo contaron con la participación entusiasta de los asistentes. Bruno Álvarez, presidente de la Fundación Juan Vicente Seijas, enumeró las actividades incluidas en la programación, que se desarrollará durante la tarde.

Estas incluyeron presentación del cuenta cuentos Pío Lara, disfruta coloreando, el show de los robots luminosos, show de cuchitos, caja de bateo, muro de escalar, tirolina, simulador, taller de reciclaje y colchón inflable.

Los agasajados también disfrutaron del recorrido denominado Biólogo y Veterinario por un Día, charlas sobre las serpientes, tembladores, Arapaima y de la alimentación del caimán del Orinoco.

En los semáforos los vendedores ofrecían algunos juguetes infantiles, pero a alto precio. Un ejemplo de ello es un papagayo en 800 bolívares. Se vendieron pocos.

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