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 “La política no debe tratar de vengar el mal realizado, sino de cuidar que no se reproduzca.” Otto Von Bismarck

 No hay ejercicio político más difícil y extenuante que ser un activista comprometido con los factores democráticos de la oposición venezolana.

Resulta tan agotador que pareciera que nos hemos acostumbrado a ello, pues oponerse a las vilezas de este régimen exige compromiso y acción constante, exige paciencia benedictina, además de una buena dosis de UNIDAD, pero el problema es que muchas veces confundimos lo que es “unión” con “unidad”.

Lo hemos dicho en muchas ocasiones, se trata de cosas muy diferentes: unión es el acto de estar varios juntos, no necesariamente de acuerdo, no necesariamente sinceros, no todos contentos, algunos por conveniencia,  algunos por la esperanza del cambio, otros de muy buena voluntad, hay quienes que lo hacen por mera convicción, otros, pues…no lo sabemos hasta que no se delatan con sus inexplicables torpezas; en fin, hasta allí puede haber unión, mas nunca: unidad. 

Sin duda, la inconstitucional propuesta del CNE para la realización de R.R logró desmotivar, desanimar y desilusionar a buena parte de esos ciudadanos que tan solo esperan que esta terrible pesadilla encarnada por la ruindad del régimen que destrozó los cimientos de nuestro país y por ese empeño de atornillarse en el poder, pone en riesgo el futuro de las generaciones que merecen un porvenir mejor.

 La relación entre los Partidos Políticos y la Sociedad Civil enfrenta una serie de dilemas y desafíos necesarios de comprender, para ponderar su impacto y evaluar la necesidad de crear nuevas formas de integración entre ambos estamentos.  

¿Acaso la política virtual vía WhatsApp o Twitter, o cualquier otro nuevo poder virtual emergente pueden ser una alternativa en estos momentos tan delicados? Podemos entender que las múltiples organizaciones de los nuevos grupos particularizados de la sociedad deberán en algún momento converger en la asunción de responsabilidades políticas de mediación…a sabiendas que muchos ni aceptan ni toleran el término medio. Ni la sociedad puede dejar de entender que la MUD es una interlocutora con limitaciones, ni ésta puede eludir la responsabilidad de convertirse en un agente de mediación y negociación que genere confianza.

 Esta crisis nos golpea a cada uno, precisamente porque arremete contra ese tejido de vínculos profundos de esperanza compartida y de nobles proyectos para la recuperación de una Patria tan destrozada.

Las crisis no son sino un desajuste entre la situación sufrida y la deseable. En Política, las crisis, entendidas como carencias de soluciones, son manifestaciones que ponen de relieve la contradicción existente entre actores y entornos o sistemas: rigidez versus mutación, inercias frente a cambios. Así las cosas, para evitar las crisis y no sufrirlas es por lo que hay que anticiparse a los problemas.

Se nos informa que puertas adentro de la MUD las deliberaciones están caldeadas, que, por supuesto, varios partidos no aceptan las condiciones del CNE; que se evidencia la negociación de un partido que espera le liberen al ex gobernador; en fin, por una particular noción de futuro, por simples caprichos, por necesidad, por conveniencia, por la servil aquiescencia, el inoportuno temor, cansancio  o mediocridad, luego, se suele confundir lo bueno con aquello que nos es, que nos es útil, que nos beneficia a nosotros o, a lo mejor, a nuestra gente.

En estos cruentos momentos una vez más parece confundirse de adversario. ¿Acaso es tan complejo entender que tanto el G2, como esa costosa Sala Situacional y la ruindad trasmutada en psiquiatría de Jorge Rodríguez hacen considerables esfuerzos para fracturar la frágil  “Unidad”  entorno a una Mesa  golpeada en su centro de equilibrio?

Y parece que se olvida el logro de la aplastante mayoría parlamentaria; la impresionante concentración del 1 de septiembre que mostró con creces hay un pueblo dispuesto a movilizarse en defensa de sus derechos, a pesar de las amenazas, de la violencia y de los obstáculos.

Está comprobado: la calle es el cívico espacio donde la ciudadanía comprometida en rescatar su país, sin violencia pero con firmeza, puede dar la pelea por el merecido porvenir de los suyos.

 Pero para lograr que esas calles se colmen – como colmada está la paciencia de la ciudadanía – resulta ineludible que los líderes demócratas  sean coherentes y organizados en la planificación de esas actividades de cívica protesta  para no extenuar o confundir la importante disposición voluntaria a la participación comprometida y activa.

Es tiempo de innovar, de anticiparse, y hacerlo con humildad, porque el anticiparse exige muchas veces contener el ansia de prevalecer sobre otros, moderar la precipitación y situarse en una posición de aparente desventaja. Ahora que este régimen hace agua por los cuatro costados (en lo económico, en lo social, en lo político y en lo moral)… ¿somos nosotros quienes achicaremos el agua o le lanzaremos los salvavidas?.

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