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EFE
Dos seleccionadores dejaron su cargo por los malos resultados de sus equipos en una Copa América que deja también a varios técnicos tocados y a algunos otros, como Juan Antonio Pizzi o Jürgen Klismann, reforzados en sus puestos pese a las dudas que transmitían antes del torneo.

Los peores parados fueron el brasileño Dunga, con escasa popularidad en su país a pesar de haber ganado la Copa América de 2007 y la Confederaciones de 2009 y que fue cesado tras su eliminación, y Ramón Díaz, el argentino que dirigía a Paraguay y que presentó su dimisión “indeclinable”.

Al igual que le ha ocurrido a Dunga, Diaz no ha contado con un apoyo inquebrantable, ya que un sector de la afición paraguaya no lo identificaba con la selección y, en algunos casos, ni con el país.

También salieron tocados de la edición del Centenario un veterano como el uruguayo Óscar Washington Tabarez tras la eliminación del equipo celeste en la primera fase y Juan Carlos Osorio, cuyo cargo al frente del banquillo de México peligró tras la goleada de Chile por 7-0.

Y tampoco está claro el futuro que le espera a Gerardo ‘Tata’ Martino como preparador de Argentina. El nuevo fracaso en una final, rematado con el adiós de Messi a la selección, ha abierto las puertas a una renovación del plantel y ha disparado las críticas hacia su figura en su país.

Todos ellos se han convertido en la cruz de una moneda que, en el lado opuesto, tiene grabados los nombres de aquellos que se van de Estados Unidos reforzados en sus puestos pese a llegar con serias dudas sobre su rendimiento al frente de sus equipos.

En este grupo destaca especialmente el caso de Juan Antonio Pizzi, quien se consagró como técnico siguiendo la estela de su predecesor, Jorge Sampaoli. Empleó a los mismos jugadores y terminó ganándose el respeto del banquillo chileno, donde todos los engranajes han continuado funcionando como si no se hubiera producido un cambio de entrenador.

En apenas seis meses al frente de la Roja, el argentino Pizzi ha logrado recuperar el estilo de juego intenso y fuerte con el que Chile se proclamó campeón el año pasado, ante el mismo rival -Argentina- y con el mismo guión final, imponiéndose en la tanda de penaltis.

En el caso del alemán Jurgüen Klismann, también ha cumplido al llevar a la selección anfitriona a igualar su mejor puesto en sus cuatro participaciones en la Copa, una meritoria cuarta plaza.

Al final, los banquillos de los tres primeros clasificados -Chile, Argentina y Colombia- estuvieron dirigidos por otros tantos argentinos. Algo no tan complicado en un torneo en el que seis de los dieciséis seleccionadores presentes eran de dicha nacionalidad.

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