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Luis Alejandro Borrero || @LABC7

Necesidad que cambia tendencias. Cuando a los aspirantes a cursar el primer año de medicina se les hacía la charla introductoria no preguntaban por la ubicación de salones. O dónde quedan los laboratorios de la Universidad de Carabobo (UC). Tampoco cuáles son los profesores más estrictos.  Todos preguntaban por el comedor: ¿funcionaría?, ¿cuántas comidas al día?

No pudo hacerse más: el comedor de la UC cerró hasta nuevo aviso. Es la primera vez en 2016 que la instalación central, en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (Faces) baja la santamaría. “Ha sido un año muy difícil. No hemos podido tener regularidad en los gastos de funcionamiento”, reconoció el vicerrector administrativo José Ángel Ferreira.

Aproximadamente 2% del presupuesto de la universidad se consume en el pago a proveedores. Hay 11 empresas que surten en la UC y a todas se les debe dinero, lamentó Ramón Bravo, coordinador del comedor. En junio y julio no se han podido honrar los compromisos. “No tuvimos más remedio”.

El de la UC era el único comedor activo de las universidades autónomas del país. Se había hecho todo lo posible, como bajar la cantidad de alimento servido en cada plato, o incluso la calidad. Los viernes se servía cachapa para abaratar costos, reconoció Bravo. “Teníamos el almuerzo más barato per cápita de las universidades. Cada bandeja nos costaba un promedio de 461 bolívares, en comparación de hasta tres mil por plato que pagaban otras casas de estudio”.

En el comedor central se repartían casi cuatro mil 500 almuerzos al día. En el de Ingeniería alrededor de 600 y en del deportes más de 300. Además el núcleo La Morita, en Aragua, contaba con mil 200 platos diarios. Con el cierre se deja de atender cerca del 10% de la población estudiantil más necesitada, que veía en el comedor una manutención segura ante la crisis económica. “Lo que más nos preocupa es tener el comedor cerrado durante verano”.

Todo se está haciendo. Se prevé que el martes la rectora Jessy Divo visite el Consejo Nacional de Universidades (CNU) en Caracas. Allí intentará buscar un punto de encuentro con el ministro de Educación Superior, Jorge Arreaza. En la UC la esperanza la comparten desde los altos hasta los funcionarios de rango intermedio: que el Gobierno pague. Iván Uzcátegui, presidente de la Federación de Centros Universitarios (FCU-UC) teme que la deserción estudiantil aumente por el cierre del servicio, según nota de prensa.

La mañana del lunes fue atípica en el comedor. La lista de asistencia sobre el escritorio en la entrada estaba vacía. De las 139 casillas había poco más de una decena de firmas. “Solo llamé a los trabajadores que viven más cerca, unos tres o cuatro, para venir a hacer la limpieza”. Llamar a los demás hubiera sido hacerlos pagar pasaje en vano, explicó el director del comedor. La nómina de 179 empleados se mantendrá cobrando hasta que se consiga el alimento, aseguró. Pero su certeza no es tan clara sobre hasta cuándo las ollas permanecerán vacías.


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