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Luis Alejandro Borrero|@LABC7

Se saben con la tarea cumplida. Pero aún así no paran de llegar a la cola. Uno de ellos es Tomás Rojas, un joven venezolano, veterinario de profesión. En Carabobo se recogió 255,32% más de firmas por el revocatorio que las 15 mil 479 que se necesitaban. Solo en el primer día. El muchacho hacía su aporte en el día dos, este jueves, cuando continuaban las colas en los centros que desplegó la oposición para manifestar su descontento. “Todos, sin discriminación, tenemos el mismo problema”.

La gente no deja de apoyarse. Su objetivo es común. Thomas Dangel, concejal de Naguanagua, coordina los centros del norte de la ciudad. En solo tres puntos, el centro comercial Paseo La Granja, La Campiña y Tazajal, se recogieron todas las firmas necesarias en la primera fase de la activación del revocatorio. Pero este jueves había vecinos que prestaron sus carros para ir a buscar a quienes tienen problemas motrices o que son de avanzada edad. “Aspiramos a solo en Carabobo recoger el 1% del Registro Electoral”. Es decir: 195 mil 721 firmas.

Tomás atiende a pequeños animales. Confiesa, desde la cola frente al Tijerazo de la avenida Bolívar de Valencia, cómo se le han muerto pacientes por escasez de medicamentos. El Gobierno hace que sus años de estudio no valgan de nada. Ante la falta de lo esencial, la muerte es el único resultado en su consultorio. “Hay muchos que se pudieron haber salvado”, dijo después de los 2:43 minutos que le llevó llenar la planilla, con foto incluida para redes sociales. Él se sumó a los ya 55 mil carabobeños que firmaron.

Pedro Miguel Flores es trabajador del Tijerazo desde hace 24 años. Nunca vio colas como las que se han formado pidiendo que el presidente Nicolás Maduro salga del Poder. “Esta cola va a ser más grande que la del Abasto Bicentenario”, expresó el primer día que la vio. El señor, sonriente, comentó que solo vio algo similar cuando se formaban las famosas 36 horas de descuento que la tienda de ropa hacía en enero cuando se remataba la mercancía con 30% de descuento.

Pero ya no son tiempos de descuento y de salarios generosos. Lo sabe Tomás, el veterinario. Su esposa gana sueldo mínimo. Con eso no se puede vivir, dice el hombre. “No alcanza absolutamente para nada”. No hay medicinas para humanos ni animales. No hay vacunas, jeringas, desparasitantes. Más que ropa, en Venezuela se lucha por estar un día más. “Tenemos que sacrificar los perros por falta de anticonvulsivos. Tenían años tratándose pero no pudieron más cuando les dio una crisis. Los dueños tenían que irse a otros estados”.

No importa que el límite de firmas se haya cruzado, dice Rojas. “Esta es la hora de la movilización”. No se pensaba antes así. Se esperó demasiado. “Esto es para que el Gobierno esté claro que el venezolano quiere cambio”. Mientras él se va, sigue llegando gente a la cola donde se recogieron seis mil 500 firmas en un día y en menos de una hora del segundo ya iban más de 100.

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