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EFE

El Gobierno y la oposición de Venezuela dejan correr libre las dudas sobre la celebración del inicio de diálogo para afrontar la crisis del país, mientras el chavismo convoca a sus fuerzas para hacer frente en la calle a sus opositores.

Faltan menos de 24 horas para que tal como estaba previsto las delegaciones del Gobierno de Nicolás Maduro y la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se encuentren en una mesa para iniciar un proceso de entendimiento, y todavía no se conoce quiénes acudirán a la citan ni información oficial que confirme sí efectivamente se realizará mañana.

Fuentes de toda solvencia confirmaron a Efe este viernes que las conversaciones se celebrarían en la capital venezolana y no en la Isla de Margarita como había anunciado inicialmente el Vaticano y las delegaciones, para cumplir con la más reciente exigencia de la alianza MUD.

Sin embargo, hasta el momento la plataforma, que agrupa a la mayoría de los partidos de oposición, no ha logrado definir quiénes representarán al bloque antichavista en la mesa de conversaciones, ni determinar cuál será el “espacio neutral” para que ambos grupos se sienten en la misma mesa.

Más de una docena de partidos miembros de la alianza planteó hoy a la Secretaría de la plataforma que a esa cita solo acuda el secretario ejecutivo de la MUD, Jesús Torrealba, para presentar una lista de condiciones para avanzar en el diálogo.

El grupo de 15 partidos, que forma parte de la veintena de organizaciones políticas que integran la mayor alianza antichavista del país, indicó a través de una misiva que “no están dadas las condiciones para un diálogo” luego de que las autoridades bloquearan el referendo revocatorio del mandato de Maduro.

Las condiciones que proponen son la presencia en las conversaciones de la Organización de Estados Americanos (OEA), y de otros exmandatarios, y que acudan representaciones de todos los partidos miembros de la MUD y la sociedad civil.

Exigir la liberación de todos los políticos presos, detener las supuestas persecuciones políticas a sus dirigentes, y también la apertura de un “canal humanitario” para permitir el ingreso de medicinas y alimentos.

La lista de condiciones incluye además detener “los atropellos” contra la Asamblea Nacional, y que se excluya al alcalde chavista Jorge Rodríguez de las mesas de conversación, por haber estado presuntamente vinculado en un ataque al Parlamento.

Hasta ahora la oposición venezolana no ha sido firme en su decisión de participar en la mesa, y ha cambiado al menos tres veces de opinión en la última semana.

Mientras tanto el chavismo comienza a convocar a sus partidarios para irse a las calles a hacer frente a los opositores e impedir que avancen en sus iniciativas de manifestación callejera organizadas paralelas al diálogo.

Los oficialistas tomarán las principales avenidas que dan acceso a la sede del Ejecutivo venezolano para hacer frente a la marcha convocada por la MUD para llegar hasta el Palacio de Miraflores, sede del Gobierno nacional, el próximo 3 de noviembre.

Los opositores planean llegar hasta la sede del Gobierno para entregar al líder chavista la declaración de su abandono del cargo, una iniciativa que el Parlamento, controlado por al oposición, prevé aprobar dos días antes de la marcha, asegurando que Maduro incumple con sus funciones constitucionales.

La oposición venezolana en 17 años solo ha intentado, sin éxito, llegar al palacio de gobierno en una oportunidad durante el gobierno del fallecido Hugo Chávez (1999-2013), el 11 de abril de 2002, una jornada que acabó en un golpe de estado que sacó al líder de la revolución bolivariana de poder por unos pocos días.

El vicepresidente ejecutivo, Aristobulo Isturiz, anunció en un acto transmitido en la televisión estatal que el chavismo bloqueará todos los accesos al palacio, y que los opositores deberán pasar encima de los oficialistas para llegar a Maduro.

Asimismo Istúriz indicó que el chavismo se movilizará hacia la Asamblea Nacional el próximo martes, día en que la oposición debatirá la declaración de “abandono del cargo” de Maduro, para impedir que esta iniciativa, que calificó de golpe de estado, avance.

La exploración del diálogo se inició con el auspicio de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y un grupo de mediación integrado por el exjefe del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, y los expresidentes de Panamá Martín Torrijos y de República Dominicana Leonel Fernández.

En las últimas semanas se sumó Emil Paul Tscherring en representación del Vaticano, tal como demandaba la MUD.

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