COMPARTE
Ana Isabel Laguna | @anaisabellaguna

De 3 a 4 horas, es el promedio de los apagones de luz en cualquier parte de Venezuela. Racionamiento del agua y calidad cada vez en desmejora. 90% de los alimentos y medicinas escasean; mientras que la tasa de homicidios alcanza niveles patológicos: se ubica en 62 por cada 100.000 habitantes –según el Ministerio Público 2014-, cuando el promedio mundial es de 6. Datos aunque de diferentes aristas, entornan un país sitiado por una constante angustia, que ha conducido a que haya una mayor tolerancia al sufrimiento y, por lo tanto, se tiende a apreciar todo como “normal”.

Lo peligroso de esta percepción de la cotidianidad, según la psicóloga social Yorelis Acosta, es que puede impulsar comportamientos como parálisis, olvido y suicidio. El dolor social anestesia, genera costumbre y tolerancia.

El sufrimiento es colectivo, resultado de la dificultad para conseguir alimentos, las preocupaciones por estirar el salario y la inseguridad. Tanto que de 8 de cada 10 venezolanos tienen una visión negativa del país, según una encuesta del Centro de Estudios Políticos de la UCAB.

El trabajo realizado entre 1.200 personas en todo el país señala que 74% de los consultados cree que la situación es mala o muy mala. Y 12% que va de regular a mala. 61% considera que será igual o peor en los próximos 12 meses.

Aún así, esta misma encuesta refleja que 98% cree que la salida democrática, a través del voto, es la herramienta adecuada para dirimir las diferencias y superar la profunda crisis que aqueja a los venezolanos.

Todo esto que viene padeciendo el venezolano, en forma persistente y progresiva a lo largo de más de una década y que se ha acentuado los tres últimos años, lo ha llevado a andar con todos los sentidos en estado de alerta; como en estado de defensa, advierte el doctor Robert Lespinasse, ex presidente de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría.

Usualmente estos episodios se presentarían en ocasiones puntuales, para repeler el ataque y enfrentar así la agresión, evadirla o huir de acuerdo a nuestras posibilidades y así buscar la solución al hecho estresante que nos agrede, pero esto no está ocurriendo en Venezuela; “venimos sufriendo estas agresiones día a día, hora a hora, minuto a minuto sin pausa una agresión tras otra, no hay transición entre un estímulo amenazante y otro, en todos los ámbitos de nuestro desempeño”, interpreta el psiquiatra.

El diagnóstico: El país está padeciendo es de un cuadro de estrés crónico, que cada vez se hace más intenso y mantiene cercado al pueblo venezolano.  A lo que se suma un elemento destructivo, limitante y desgastante que es el miedo, la emoción que predomina en nuestro país.

Consecuencias: Deterioro emocional, angustia, inquietud, nerviosismo, intranquilidad, desesperación, fuerte irritabilidad, intolerancia tendencia a aislarse, tristeza, desgano, desmotivación, crisis de llanto, desesperación y como corolario desesperanza.

A nivel inmunitario, disminución marcada de nuestras defensas, debida a la afectación del sistema inmunológico, la persona se enferma constantemente y es fácil presa de cualquier agente infeccioso, descompensación en cuadros de hipertensión arterial, diabetes, trastornos hormonales, cardíacos, gastrointestinales, respiratorios, asma, limitaciones funcionales y postración. Conductas explosivas, violentas, intolerantes, comportamiento agresivo en todos los ámbitos y deterioro laboral, social, familiar. Al cabo de cierto tiempo, agotamiento, cansancio, apatía, tristeza, desgano, abandono, desgaste total, depresión, inacción y total carencia de respuesta. De aquí la evidente entrega por agotamiento del venezolano.

En crisis surge la solidaridad

Pero, no todo es negativo en momentos de crisis. El siguiente testimonio lo revela: “Mi hermana acaba de tener un bebé y se le presentaron problemas de salud que le impidieron amamantarlo. Toda la familia se movilizó porque no se consiguen las fórmulas lácteas para recién nacido. Para atender la emergencia, una amiga, solidaria con la familia, se ofreció a amamantar a mi sobrino, mientras conseguíamos la fórmula. De no haber sido por eso, quién sabe qué hubiera pasado”.

Estas expresiones dejan claro los valores de solidaridad que surgen en el país, en medio de una terrible escasez de productos esenciales y una inflación disparada. El difícil entorno venezolano ha sido descrito por la ONG International Crisis Group, en su más reciente informe, titulado “Venezuela: un desastre evitable”, en el cual se advierte la inminente crisis humanitaria.

 “El tema es que la respuesta es variable. ¿Qué hace una persona cuando está sometida a una situación crítica? Tiene tres caminos. El primero es la huida: huyo, el problema es mayor de lo que yo soy capaz de enfrentar y en esa huida busco una posibilidad de vida digna, de darle a mi familia cosas nuevas y mejores. Y eso es válido y valioso, para muchísima gente. Irme del país es un camino y en ese irme del país, mucha gente se lleva dentro de sí la nostalgia de lo que tiene, se va a construir vida para su familia, y en muchas ocasiones va a tratar de defender lo que deja acá, esta cohorte de padres y abuelos huérfanos que tenemos en este país”, interpretó el psiquiatra Manuel Ortega Sánchez en un programa por Globovisión.

“La segunda posibilidad es la parálisis. El velero en la tormenta, la situación es tan terrible que yo lo que tengo que hacer es sobrevivir. Bajar velas y esperar un mejor momento. Amarrarse al mástil y allí es donde la jerarquización tiene un sentido. En este momento, tengo que decidir cuáles son mis cosas fundamentales. Es un tema personal, es un tema familiar, que se transforma en un tema social”, añadió el experto.

“La tercera situación es la lucha. Es poder enfrentar el tema. Y en ese sentido, en el país tenemos ejemplos extraordinarios. Hay casos absolutamente admirables de lo que es la posibilidad de luchar, de enfrentar la adversidad, de hacer lo que uno puede con las herramientas que uno tiene. Por ejemplo, yo trabajo en el Hospital Universitario de Caracas. Allí la gente trabaja con las uñas y trabaja todavía con pasión. Esas son las alternativas, todas válidas, y todas en ocasiones cambiantes, pues lo que en algún momento es parálisis, en otro momento es lucha”, dijo el médico psiquiatra.

Cambiar conductas

Y mientras algunos expertos pronostican un súbito colapso del consumo y hambre generalizada, al mismo tiempo coinciden en mantener la calma. Para el psiquiatra Robert Lespinasse, controlar la inmediatez con la que nos presionamos debido al deseo de superar estos obstáculos; unirnos para poder tener la fuerza que la solidaridad y la asistencia mutua nos permitirá resistir y destruir las amenazas.

Mantener un espíritu de cuerpo en todas las circunstancias, al sentirnos más estables, actuar con racionalidad, lógica y manteniendo la comunicación permanentemente entre los actores de las soluciones y los beneficiarios para afianzarlas y fortalecerlas. Fortalecer nuestra autoestima valorando los logros obtenidos. Estar conscientes de que el adversario está trabajando constantemente en sentido contrario.

Dosificar la noticia, hacer deporte, compartir social y familiarmente; drenar la presión que nos incomoda, optimismo, paciencia, firmeza y constancia.

-Taparnos hasta donde alcance la cobija. Implica fijar prioridades. “La primera recomendación que doy es que se sienten en la familia a establecer qué es importante y qué no lo es, declaró Rosa María Rey, especialista en micro finanzas y profesora del IESA, en el programa del periodista César Miguel Rondón, transmitido este martes por la emisora Unión Radio.

Para la especialista en Finanzas Personales, los ciudadanos tienen que tomar consciencia de que el problema no se soluciona en el cortísimo plazo: “Creo que de alguna manera, nos parece que si aguantamos un poquito más, pues en algún momento esto termina. Si por ejemplo, el dinero no me llega y yo sigo financiando con la tarjeta de crédito, pues aguanto hasta mañana a las cuatro de la tarde, cuando la situación va a acabar. Pero hay que dejar claro que la situación mañana no termina, que nos queda un rato más, no sé cuánto, este año, el año que viene probablemente y creo que debemos cambiar conductas, tener muy claro dónde estamos parados”.

Cambiar conductas se podría graficar con el siguiente ejemplo, señaló Rey: “Tradicionalmente, un matrimonio con niños toma los fines de semana para descansar. Entonces, usualmente, un domingo, ¿qué se hacía? Bueno, vamos a comer afuera y luego al cine. En este momento, o la una o la otra, o si no quedarnos en casa, compartiendo en familia.

-Seguir estrategia de conservación

-Apelar a vender los enseres que ya no necesite en el mercado secundario, emulando las ventas de garaje aplicadas en otras latitudes.

– Aferrarse a los valores

“El que no tiene flexibilidad ni optimismo, ante los cambios naturales de la vida, está en menor capacidad para superarlos”, analiza el psiquiatra Manuel Ortega Sánchez. Aconseja ser consecuente con los valores. En los momentos difíciles de la vida, lo primero de lo que uno tiene que agarrarse es de esa estructura y esqueleto fundamental. Cada quien tiene los suyos: honestidad, generosidad, capacidad de estar en contacto con los otros, solidaridad, educación, etc. Esa es una de las cosas fundamentales en momentos de crisis que se tiende a perder, porque la tendencia es a mimetizarse con todo el desbarajuste que existe.

.-Buscar lo bello de la vida

“¿Qué herramientas puedo tener para no sentirme tan abrumado? Dos cosas, una: disminuir la crítica y reconocer los valores de la gente y de las cosas que uno tiene. Porque nos ponemos críticos y entonces todo es malo. Hay cosas extraordinarias, gente humilde, honesta, trabajadora. El tema es valorar, más que criticar, y hacer lo que uno puede, cada quien en su camino”, indicó el médico.

-Rescatar la sensatez. Eso es lo que a uno le da esperanza en el país. Si sabes que hay mucha gente que funciona en este nivel de crisis, entiendes que en lo que las cosas se mejoren, así como la economía va a mejorar, muchísimas personas van a retomar una manera más adulta de funcionamiento”, expresó.

“En momentos de crisis hay que cuidar, preservar, rescatar, desarrollar las cosas ricas y sabrosas de la vida. Si uno se mete en la espiral de desesperanza y de amargura, el resultado es catastrófico. Entonces hay que cuidar los momentos de placer, las relaciones sabrosas, las cosas que nos gustan, porque son un antídoto contra las enfermedades, como la depresión. Mantener una red de apoyo social, ayuda enormemente. Conservar la esperanza, el entender que estamos en momentos muy difíciles, pero que tendremos momentos mejores”, resumió el psiquiatra.

MINIANUNCIOS VIP




Estimado lector: El Diario El Carabobeño es defensor de los valores democráticos y de la comunicación libre y plural, por lo que los invitamos a emitir sus comentarios con respeto. No está permitida la publicación de mensajes violentos, ofensivos, difamatorios o que infrinjan lo estipulado en el artículo 27 de la Ley de Responsabilidad en Radio, TV y Medios Electrónicos. Nos reservamos el derecho a eliminar los mensajes que incumplan esta normativa y serán suprimidos del portal los contenidos que violen la Constitución y las leyes.