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EFE

La Cumbre Iberoamericana de Cartagena de Indias pasará a la historia como una de las citas más vacuas en cuanto a asuntos de relevancia política, con la mitad de los presidentes ausentes, muchas alusiones a la paz colombiana y con Venezuela en un sobrevuelo rasante que nunca aterrizó.

Asumida la ausencia de hasta diez jefes de Gobierno, entre ellos algunos pesos pesados como el español Mariano Rajoy, el argentino Mauricio Macri o el brasileño Michel Temer, los que acudieron a la llamada se debatieron entre seguir el programa oficial o poner sobre la mesa problemas acuciantes, en particular la crisis de Venezuela.

El presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, rompió el hielo y, tal y como pisó tierra caribeña, advirtió de sus intenciones.

“Es muy difícil tener una reunión como ésta sin hablar de esos temas, porque si no, nos van a decir que hablamos de educación y otras cosas muy bonitas, pero que no nos estamos ocupando de los temas candentes”, afirmó Kuczynski en una referencia absoluta a la crisis venezolana.

Al término de la cumbre, el Gobierno de Perú difundió un comunicado en el que advierte de que en Venezuela se ha producido “una alteración del orden democrático y constitucional que vulnera los principios de la Carta Democrática Interamericana”.

Kuczynski se quedó prácticamente solo en su cruzada venezolana, con alguna excepción como el canciller chileno, Heraldo Muñoz, quien reconoció en los pasillos de la cumbre que la situación “sigue preocupando por la situación de polarización”.

Esas declaraciones alteraron de alguna manera una reunión poco amena y que se presumía iba a ser “la cumbre de la paz”, una celebración del diálogo que llevó al Gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC a cerrar un acuerdo para acabar con el conflicto armado y, de paso, al presidente Santos a ganar el premio Nobel.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, al que la oposición planea someterle a un juicio político, anunció de forma inesperada el viernes que acudiría a la cumbre de Cartagena; era el invitado más esperado, al menos por la prensa, pero nunca llegó.

En su lugar envió a la canciller Delcy Rodríguez, quien disculpó al presidente y atribuyó su ausencia al polémico diálogo que se inicia mañana con la oposición en Caracas.

La XXV Cumbre Iberoamericana estuvo cargada de alusiones a la paz colombiana, los invitados lucieron palomas en las solapas de sus camisas y guayaberas, todos felicitaron a Santos por el Nobel y convirtieron ese asunto en el segundo por categoría de expectación en la cumbre.

Pero también se quedó en menos de lo esperado por el “no” que dijeron los colombianos en el plebiscito del 2 de octubre a los acuerdos de paz.

“Juventud, Emprendimiento y Educación” fue el lema de una de las cumbres menos concurridas en cuanto a presidentes, al estar ausentes prácticamente todos los gobernantes bolivarianos.

También los que se iban a estrenar: el brasileño Temer, producto de la caída Dilma Roussef, y el argentino Macri, que envió a su canciller al considerar que no habían pasado más que cuatro semanas desde su último viaje a Cartagena, cuando presenció la firma de la paz con las FARC.

La cita, quizás la más pobre en cuanto a contenido político de los últimos años, concluyó con una declaración por pantalla del presidente Santos, la secretaria general iberoamericana (Segib), Rebeca Grynspan, y el presidente de Guatemala, Jimmy Morales, quien recibió el testigo para acoger la XXVI Cumbre en 2018.

No hubo preguntas de los periodistas, ni por supuesto respuestas. La única que se enfrentó a la prensa tras la declaración televisada fue Grynspan, quien se limitó a decir que estaba conforme con la presencia de la canciller venezolana en la cumbre en sustitución de Maduro.

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