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La hegemonía roja se encuentra en franca minoría, en lo que respecta a las preferencias o apreciaciones políticas de la población venezolana. Y la tendencia va en la dirección de seguir perdiendo respaldo social. Lo cual no debe causar mayor sorpresa, dada la situación de grave crisis humanitaria que padece Venezuela.

Ahora bien, cuando los regímenes despóticos, sean del signo que sean, tienen un apoyo sustancial de la población –lo que lamentablemente acontece y no pocas veces–, el ejercicio despótico del poder se hace mucho más fácil. En algunos casos, el despotismo encuentra justificaciones interesadas de muy diversa índole. ¿Pero qué pasa cuando el despotismo sólo es apoyado por una pequeña fracción de la población?

Puede pasar que todo siga igual, si la amplia mayoría que se le opone no tiene un liderazgo que esté dispuesto a confrontar y superar el despotismo.

Ojo, no me refiero a la violencia de los golpes de estado, tan conocidos por buena parte de los que vienen desgobernando. No. Me refiero a los mecanismos de protesta, participación y resistencia que consagra la propia Constitución de 1999. Es decir a mecanismos plenamente constitucionales.

De ello depende, en una medida importante, que el despotismo en franca minoría logre su cometido continuista o no lo logre. El de Maduro ha tratado y trata de hacer de todo para lograrlo. Y hasta el presente lo ha conseguido. Pero se está percibiendo un cambio de clima en cuanto al compromiso de la plataforma opositora en hacer valer los derechos de los venezolanos.

La lucha de la mayoría se está acuerpando en las calles, de forma pacífica pero resuelta. Eso es vital. Y la conducción opositora no sólo lo ha entendido así sino que lo está promoviendo. Y es vital que lo siga haciendo. El tema del supuesto diálogo político, aún y cuando sea patrocinado por el Vaticano, debe verse con mucho cuidado, porque el objetivo de Maduro es ganar tiempo, de manera que comience el 2017 y que la solicitud de referendo revocatorio, o de renuncia, pierdan eficacia política.

Los términos de la cuestión deben estar claros. La abrumadora mayoría de los venezolanos quiere un cambio de fondo, para que Venezuela pueda ir saliendo del barranco donde está sumida. Y ese cambio es absolutamente imposible con la actual configuración del poder. Entre otras razones, porque ha sido ésta la que ha sumido al país en esta profunda y extensa crisis. Sólo una minoría, en muchos aspectos arrogante, no quiere reconocer la realidad.

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