El jefe de Ambiente del parque bautizará su libro el próximo martes. (Foto Orlando Nader)
Unas dispersan semillas de árboles de un lado a otro, permitiendo así la regeneración natural de espacios verdes urbanos. Otras depredan esos granos, a pequeños invertebrados, vertebrados terrestres o peces. Están las que polinizan, pero también las robadoras de néctar y las carroñeras.
En estos ocho papeles ecológicos, las 75 especies de aves del Fernando Peñalver ejercen un rol determinado en las zonas ribereña, ornamental y boscosa del parque.
Cómo usan estos hábitats (si para reproducirse o como visitantes diarias, ocasionales o migratorias) y hasta qué comen, son datos también contenidos en el libro “Alas del Parque Fernando Peñalver”, el primer material educativo e ilustrado sobre aves en Carabobo, firmado por Luis Cornejo Uzcátegui.
La obra, fruto de dos años de investigación, es en palabras de su autor más que un catálogo de clasificación taxonómica de especies. En sus 108 páginas aparecen reagrupadas en función de sus preferencias alimentarias. Muchas son frugívoras (que comen frutos) y la estructura de su pico las delata.
Dependiendo de la oferta estacional gustan probar los de pesguas y yagrumos. Las insectívoras, en tanto, se la pasan juntas, y las granívoras sólo trituran las semillas.
“Las aves hacen un uso diferenciado, pero al fin y al cabo compartido, de los espacios”, evaluó Cornejo, jefe de Ambiente del Fernando Peñalver, durante uno de sus acostumbrados recorridos diarios por el parque.
El biólogo entiende que el Peñalver puede ser observado al menos desde dos dimensiones: la de infraestructura y mantenimiento, percibida por los 2 mil 472 usuarios que, en promedio, lo visitan al día; y la del espacio verde, conectado con otros de la ciudad a través de la red hidrológica del río Cabriales y sus quebradas tributarias, lo que permite un intercambio constante de fauna.
“Esta visión nos coloca en la absoluta responsabilidad de divulgar este corredor biológico como unidad asociada a la calidad de vida de la ciudad”, exaltó Cornejo. Las aves insectívoras, por ejemplo, son controladoras de plagas que transmiten enfermedades al ser humano. Del cristofué se distingue su canto, pero es capaz de consumir más de 2 kilos de insectos al año. “Se debe revalorizar la percepción que tenemos de los animales en la ciudad. Son mucho más que elementos estéticos”.
Esta “vitrina educativa” muy icónica y gráfica, con prólogo del veterinario Ernesto Boede, será bautizada el próximo martes. Una veintena de ejemplares de este primer tiraje, cortesía del Gobierno de Carabobo, quedará para su consulta en la Casa-Parque.