La Sala de Inadmitidos en el Aeropuerto de Barajas, en España. (Foto Cortesía)
Unos segundos de conversación con un primer funcionario de Inmigración de España y algunos minutos en una segunda entrevista, sirvieron para que la venezolana Luisa Nieves, de 46 años de edad, fuera catalogada como posible inmigrante que permanecería ilegal en la nación europea.
El relato de Nieves detalla las peripecias a las que se enfrentó en esos dos días, entre ellas controlar su artritis reumatoide e hipertensión arterial con un informe médico en la mano, pero sin sus medicamentos.
El 1º de noviembre de 2011, Nieves abordó el vuelo 072 de Air Europa en Maiquetía a las 9:00 de la noche. El 2 estaría en Amsterdam luego de la escala en Madrid. Desde Holanda se dirigiría a pasar vacaciones en el pueblo norteño de Groningen. El paseo fue muy distinto a lo que soñaba, y tras dos días regresó a Venezuela.
El caso de Nieves fue uno de los mil 29 sobre venezolanos a quienes no dejaron ingresar a España en el 2011, según lo reflejó hace unos días la agencia internacional de noticias EFE. Luego de los brasileños, los criollos ocupan el segundo lugar en la lista de inadmitidos.
Al llegar a Barajas, Nieves fue una de las “afortunadas” que les correspondió pasar por Inmigración. “El oficial me preguntó el tiempo de estadía en España. Yo le contesté que yo no iba a España y que estaba de tránsito porque mi destino era Amsterdam”. A la media hora el funcionario gritó desde lejos “ya te están preparando las papeletas para que te devuelvas a tu país”.
En una segunda entrevista le preguntaron por el dinero que poseía. Asegura tenía algún efectivo y una cuenta en el banco estadounidense Bank of America. “Me preguntó cuánto tenía y le ofrecí entrar a Internet y revisar. Me respondió: Estados Unidos es Estados Unidos y España es España, y los bancos venezolanos no sirven para nada en el exterior”.
En medio de “antipaticuras”, le dijeron que un abogado la atendería alrededor de las cuatro de la tarde. Su vuelo para Amsterdam era a las dos y media. “Me sentía como una balsera. Hasta ese momento no sabía lo que era el racismo, ni la xenofobia. Ese día aprendí una nueva palabra: Sudaca”. Cada funcionario con quien se tropezó la hicieron saber que provenía de “Chavezlandia, el país del terrorismo y del petróleo mal usado”.
A los pocos minutos fue trasladada a otra habitación. “Nos requisaron como a unas delincuentes y nos quitaron todas nuestras pertenencias”. Una vez más fueron llevadas a otra habitación, esta vez la Sala de Inadmitidos. “Habían dos pipotes de basura hasta el tope de desperdicios, un dispensador de agua que no tenía fuerza y muchos chupaban”.
Los baños eran unisex. A Nieves le quedó marcado el tener que ver a hombres y mujeres haciendo necesidades en el mismo espacio. “De venezolanos habían mujeres de la tercera edad, bebés, niños, todos pasando trabajo. La comida la repartían en tres horas exclusivamente. Nunca había estado presa, el castigo de no tener una carta de invitación española para hacer tránsito en ese país me costó estar detenida en ese cuarto y sometida a horribles tratos, malas caras y palabras durante dos días”.
Entre los 40 venezolanos, una paraguaya con un niño de cinco años, dos argentinos, un dominicano, varios brasileños y una mexicana hubo mucha solidaridad, reseña Nieves. “Cada quien contaba una historia. Muchos tenían más de dos días allí”.
La entrevista con la abogada y el oficial de inmigración la cataloga Nieves como dantesca. “El oficial me reconoció que era una situación injusta pero que no era él sino su jefe quien tomaba las decisiones. En materia de Derechos Humanos nadie puede escudarse de un jefe”.
“Me subieron al avión como a una delincuente delante de todos los pasajeros y le dieron mis documentos al personal de la aerolínea. El oficial me preguntó luego ¿Contenta?, le dije: sí, de devolverme a mi país, el mejor país del mundo, en el que a pesar de haber pasado tantas desgracias en la época de la colonia española, le abrimos las puertas a ustedes en la dictadura franquista”.
Nieves no critica que no dejen entrar a España, sino la violación constante de los Derechos Humanos a los que ella y probablemente los mil 29 venezolanos fueron sometidos en la Sala de Inadmitidos.
Analistas internacionales aseguraron en la edición de El Carabobeño del 24 de enero que el “cercado” de inmigrantes a España se debe a la crisis que atraviesa el país y a la cantidad de repatriados que son beneficiados por el Estado.