01 febrero 2012

Oswaldo Pulgar Pérez || Despertares

Un favor para todos

Recibí un correo en el que nos invitan a divulgar un eslogan: “Haga un favor a la humanidad. Diga no a su hijo cuando sea necesario”. No sé por qué les resulta tan difícil a algunos padres decir que “no” a sus hijos. Pareciera que han claudicado como educadores.

Ante todo hay que saber llegar a tiempo. Si a un chamo lo sabemos “entrenar” desde pequeño en la obediencia, es muy probable que no cause problemas cuando crezca. El error está en querer poner cercas al campo cuando ya no existe posibilidad de impedir su desbordamiento.

A todos nos hace bien que nos digan que no. Se cuenta que un amigo encontró a Sócrates con la mano extendida frente a una estatua. Le preguntó qué hacía en esa posición. Sócrates le contestó: “Estoy entrenándome en recibir negativas”.

Sacar adelante lo valioso cuesta. Hay que superar las dificultades que siempre surgen. Graham Bell, inventor del teléfono, dijo que después de 2.000 intentos, al fin dio con la clave del teléfono.

La educación requiere tiempo. Son malos papás los que delegan en su esposa o en su marido esa tarea. Nadie dice que sea fácil educar. Ya sabemos que al corregir se sufre antes, en y después. Pero hay que atreverse.

Se requiere una virtud poco frecuente: la fortaleza. Hay mamás que le dicen a sus hijos: -¡Ya verás cuando llegue tu papá! Prepárate. Esa postura significa que ya está derrotada.

Me lo contaba una señora, cuyo marido, dedicado a la política, pasaba la mayor parte de su tiempo en la calle. Ella, nunca le decía eso a sus hijos. Decidía de inmediato la medida sin esperar al papá, consciente de que esperarlo sería expresión de debilidad.

De aquí podemos sacar una conclusión: Aunque exista una distribución tácita de funciones entre papá y mamá, a la hora de las chiquitas ambos tienen que estar pendientes para actuar en ausencia del otro. Los dos son responsables. Aquí no vale eludir el problema; eso, con frecuencia es señal de flojera.

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