02 febrero 2012

Martha Barroeta || Taller de Fantasía

¿Amor a la patria?

Siempre he oído -pero últimamente, con mucha más frecuencia- que debemos ser excelentes, que nuestro compromiso con el país requiere de preparación constante, que es necesario no quedarse con los “conocimientos” que nos dan en la escuela; que hurguemos, vayamos a los libros y extraigamos todo, sin mirar atrás, solo hacia adelante siempre: así es como podremos brindar un apoyo solidario al país y de esa manera estaremos demostrando nuestro amor a la patria.

Lo he oído constantemente, casi es un lema que ha diario se repite y si debo confesar algo, ha calado perfectamente en nuestro quehacer cotidiano. Solo así devolveríamos con creces al Estado venezolano lo que ha invertido en nuestra educación. Pero...? amor a la patria no significa únicamente el anhelado título universitario, no lo es todo en la vida, aunque no deja de ser necesario. Amor a la patria es para los niños cantar el Himno Nacional, que emocionados unánimemente entonan sus estrofas y pierden la mirada ante el izamiento del tricolor nacional. O, para la madre venezolana es levantar con esfuerzo y tesón a sus muchachos y hacer de ellos hombres de bien, o para el campesino que labra la tierra es cosechar un fruto hermoso, delicioso al paladar. Pues bien, es un compromiso, casi un contrato absoluto e irrevocable. Pero es tan difícil, porque muchas veces -yo diría, casi a menudo- uno brinda incondicionalmente y con entusiasmo verdadero, un sostén amistoso, consecuente, perdurable y pare usted de contar: ¿Y qué recibe a cambio? De vuelta se recibe -o mejor dicho, no se recibe...- De pronto no te atienden si vas a una oficina pública, y si te “paran” lo hacen de mala gana; o bien, si presentan un proyecto novedoso, lo engavetan o te dicen “para lo suyo no hay presupuesto”; o más todavía, si eres bueno y rindes un examen y sobre seguro sabes que lo has hecho bien, te reprueban implacablemente porque... Ya se sabe. Ustedes saben. Pues bien, son algunas verdades que a diario se dejan colar en el trajinar cotidiano. Y entonces: ese amor a la patria, ese afán de hacerlo bien, ¿de qué sirve? Si a la vuelta de la esquina están la holgazanería, la desidia, el desdén y la corrupción (por mencionar las más suaves).

Yo creo que la única respuesta que aquí cabe es la de estar bien con uno y saber que en algo se colaboró por hacerlo mejor. Por Venezuela, un gran país, un país para querer, a pesar de todo y sin mirar a los demás.

¡Es cuestión de conciencia!

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