02 septiembre 2010

Insólito (V)

César Esteves

El Protocolo de Autopsia del cadáver de Simón Bolívar, a cargo del practicante asistente Próspero Reverend, entregado por el autor a la Academia Nacional de Historia, facilitado a la Universidad Central de Venezuela para la ilustración de esta obra llamada “Ha muerto el Libertador”; editada por el rectorado para rendir homenaje al Gran Héroe en el sesquicentenario de su muerte que se cumplió en el año de 1980, constituye junto con el legajo de boletines que redactó muy cuidadosamente el “presunto médico”, documentos de inusitado valor para el esclarecimiento definitivo y fuera de toda duda de la causa de muerte de Su Excelencia el Libertador.

Por la descripción plasmada en el tiempo para su estudio y discriminación que hace Reverend, se nota claramente que aunque no ostentaba título de médico alguno, algo le quedó de su cooperación con los grandes cirujanos que prestaron sus servicios a los hospitales de la Revolución Francesa y por ello se atrevió -no habiendo más nadie quien lo hiciera- a la ablación del cuerpo sin vida del más alto exponente humano de América con el interés de descubrir en cada región quirúrgica expuesta algún indicio convincente para sostener a la luz de los destellos de la posteridad, la causa de aquel deceso casi abandonado a la buena de Dios. Procedamos, pues, siguiendo paso a paso lo que escrito está en la excelsa obra que se lanza a publicar la Universidad que reconstruyó Bolívar con el esfuerzo de sus dotes culturales y su amor hacia esta institución como otro inmenso regalo a la patria que lo vio nacer.

Veamos primero lo que dice del cuerpo al descubierto, pero con exclusión de aquello que carezca de importancia por asunto de espacio: “Cadáver a los dos tercios de marasmo, descolorimiento universal, tumefacción en la región del sacro (no se concibe a Bolívar, sino sobre un caballo); músculos muy poco descoloridos, consistencia natural (sic).

Cabeza: Vasos aracnoideos ligeramente recubiertos de una sustancia parduzca y de consistencia gelatinosa. Cerebro y Cerebelo; sin ningún signo patológico.

Pecho: Adheridas las pleuras costales a las paredes posterior y superior por producciones semimembranosas: endurecimiento de los dos tercios superiores de cada pulmón; el derecho casi desorganizado (sic), presentó un manantial abierto de color de las heces de vino... Llegados aquí, se impone detenernos para la observación siguiente: Nótese que no encontró sangre ni caseum que es una sustancia pastosa parecida al queso que produce el bacilo de Koch con la descomposición que hace del parénquima pulmonar como tenía que ser obligatorio si hubiese sido un caso de tisis declarada, y sí un charco del humor viscoso de color verdoso que segrega la glándula hepática. Esta denominación “heces de vino” es la que en Medicina se le da a la bilis. El pulmón izquierdo, aunque menos desorganizado, ofreció la misma afección “tuberculosa” (las comillas son nuestras) y dividiéndolo con el escalpelo se descubrió una concreción calcárea irregularmente angulosa del tamaño de una pequeña avellana (que él se la guardó). Al abrir el resto de los pulmones con el instrumento, se derramó un moco verdoso (aquí agregamos nosotros que la sangre no es verde) y que a la presión, se hizo espumoso. El corazón sólo ofreció un baño de un líquido ligeramente contenido en el pericardio.

Abdomen: El estómago dilatado por un licor amarillento de que estaban fuertemente impregnadas a sus paredes. No presentó, sin embargo, ninguna lesión ni flogosis.

El hígado, de un volumen considerable, estaba un poco escoriado en su superficie convexa.

Vesícula biliar, muy extendida; las glándulas mesentéricas obstruidas; el bazo y los riñones, en buen estado. Las vísceras del abdomen, en general no sufrían lesiones graves.

Aquí termina el Protocolo de Autopsia que hemos transcripto al pie de la letra por dos razones que consideramos de capital importancia... En primer lugar: en historia no se inventa, y en segundo lugar: si no nos acogemos a la descripción escrita en la obra citada, no podemos hacer las críticas y las correcciones que es indispensable hacer para alcanzar el calor del lumen allá en la más alta cumbre de nuestras ansias para gritarle al mundo de qué murió el Libertador Simón Bolívar. Pero dejamos aquí para continuar en otra entrega, con las conclusiones a que haya rigor