Cada día toneladas de comida son desechadas en el mundo. (Foto Archivo)
Berlín (DPA).- Los precios de los alimentos no dejan de subir, y las revueltas por el pan fueron un elemento clave en protestas como las de Egipto o Túnez. Pero en los países ricos -y en los no tanto- los supermercados tiran a diario toneladas de comida, una tragedia frente a la realidad de los que pasan hambre para la que se exigen soluciones.
Ya sean los tomates aplastados, el pan que se quedó duro o la ensalada que no está del todo fresca, toneladas de comida acaban a diario en la basura, aunque no se sabe exactamente cuánto, porque no hay cifras. Una parte de los alimentos va a instituciones sociales, pero muchas veces es más barato sencillamente tirarlos.
En Alemania se estima que al año acaban en la basura 20 millones de toneladas de alimentos. Y también en el comercio es grande el porcentaje de comida desechada, señala el periodista y cineasta Valentin Thurn, que cree que se trata de un enorme problema.
Thurn acaba de producir una película al respecto, “Taste the Waste - El desperdicio global de alimentos”. Es difícil tener cifras claras en Alemania, denuncia, mientras que otros países desarrollados como el Reino Unido sí tienen estudios al respecto.
La Asociación Alemana de Comercio Minorista de Alimentos estima que un dos por ciento de los productos van cada año directamente a la basura. “En el caso del pan y otros productos de panadería incluso un 12 por ciento y en el de la fruta y verdura un tres y un cinco por ciento”, afirma el representante Michael Gerling. Con una facturación anual de unos 150.000 millones de euros, la pérdida no es sólo moral, sino en dinero contante y sonante para el sector.
El ministro de Consumo de Renania del Norte-Westfalia, el “verde” Johannes Remmel, afirma que esta práctica “no sólo es cínica frente a todos los que pasan hambre, sino que es un despilfarro diario de muchas materias primas valiosas”.
Remmel propone soluciones: que las estanterías de las tiendas no estén tan llenas de comida fresca al final del día como a primera hora. También pueden ayudar paquetes más pequeños en una sociedad con cada vez más hogares formados por una sola persona. Y una mejor colaboración con las organizaciones de beneficencia y comedores sociales.
“Hay que optimizar los sistemas de distribución de los productos”, señala Gerling, algo que debería ser posible porque ya se hace un inventario informático de cada pan y cada yogur que llega a la venta.
En cambio, es mucho más difícil reducir la excesiva oferta, algo muy complicado por la competencia. “Los clientes se irían a la competencia si sólo encuentran un tipo de patatas en las estanterías”, afirma Gerling.
Los protectores del consumidor creen que también la fecha de vencimiento es un problema. “El consumidor tiene que ser informado de que en ningún caso se trata de la fecha en que sí o sí un producto se pudre”, subraya el experto en alimentación Frank Waskow.
Los comerciantes podrían por ejemplo ofrecer esos productos a un precio rebajado, indicando el por qué, en vez de tirarlos a la basura. El yogur o la mermelada son dos productos -señala Waskow- que suelen seguir perfectamente bien incluso después de la fecha de vencimiento.