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Cada país vive experiencias históricas inimitables, sin embargo nunca es malo echar una mirada retrospectiva, en algunos casos, para ver si podemos encender luces que nos permitan otear alguna esperanza en nuestro horizonte lleno de claroscuros tenebrosos.  Las experiencias de España y Chile puede que ayuden en el intento. Sobre todo, porque aquí no aprendemos de nuestras propias experiencias y debemos echar mano a las de otras latitudes, a ver si podemos captar alguna enseñanza positiva. El Pacto de Punto Fijo ayudó a los Pactos de la Moncloa, veamos si ahora los españoles nos devuelven el favor, aunque sea con su ejemplo más reciente.

El ex ministro y ex senador demócrata cristiano chileno, Sergio Bitar, testigo principalísimo de la experiencia chilena y analista internacional, quien continúa siendo un personaje influyente en la política de ese país nos narra, desde su óptica, las dos experiencias que he querido compartir con mis lectores.

Nos narra Bitar que “desde que Aylwin asumió el poder, en Chile se inició una transición democrática plagada de cortapisas. El dictador Augusto Pinochet se atrincheró como Comandante en Jefe del Ejército por 8 años, y concluido ese periodo, prosiguió investido de senador vitalicio, amparado en su propia Constitución de 1980. Durante 10 años, los parlamentarios de derecha no tuvieron la más mínima voluntad  democrática para alterar esa precaria condición institucional en que quedaron Chile y la mayoría de sus ciudadanos. La derecha sólo comenzó a cambiar luego de la detención de Pinochet en Londres en 1998, por la acción del juez español Baltazar Garzón. Ya en el gobierno, las convergencias sociales y políticas continuaron consolidándose. Si los demócratas se proponían crear una democracia moderna, con el dictador vivo debían estar unidos y acrecentar su legitimidad y respaldo. Los cambios constitucionales que suprimieron  a los senadores designados y la inamovilidad de los Comandantes en Jefe de las ramas de las FF.AA. y el General Director de Carabineros, se sellaron recién en 2005. La coalición democrática dio otra señal de robustez en 2000: efectuó sin trauma un desplazamiento del eje político, y pasó de dos presidentes democratacristianos a dos socialdemócratas.

No se nos debe escapar que la transición española cargó con una tragedia mucho más extensa y brutal que la chilena. En parte, la dictadura de Franco se extendió por 36 largos años debido a que las fuerzas democráticas de Europa estaban abocadas a luchar contra el nazismo. Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, la gran pugna entre Oriente y Occidente, más específicamente entre Estados Unidos y la Unión Soviética -en el marco de la Guerra Fría- concentró la atención de la comunidad internacional, opacando la crítica situación que vivía la España franquista. La transición española demoró en florecer pero, cuando lo hizo, España cambió radicalmente para transformarse en una sociedad democrática desarrollada.

Ambos procesos de transición lograron modernizar a sus países, democratizándolos, creando nuevas instituciones, abriéndose al mundo. Ambos consiguieron transformaciones económicas potentes y aplicaron políticas sociales categóricas. Y en ambas naciones las fuerzas democráticas dieron vida a una cultura de libertad, de derechos ciudadanos y espíritu cívico difícil de remover, que marca y marcará el rumbo de los sucesos por venir”.

En Venezuela, si la Mesa de la Unidad Democrática mantiene su política coherente, de no ceder ante los chantajes del gobierno o de su propio radicalismo minoritario y se  mantiene unida, alrededor de su discurso constitucional y pacífico, tiene el éxito garantizado y podrá comenzar el camino de la transición, el que no podrá ser obstruido por un gobierno que hoy representa a una minoría insignificante. Nos estamos sentando con el gobierno para hacerles exigencias puramente constitucionales: 1. Fijar cronograma de elecciones ya. 2. Liberación de todos los presos políticos. 3. Apertura de canales humanitarios para aliviar la terrible crisis económica. 4. Respeto institucional.

Nosotros, quienes representamos la alternativa democrática estamos condenados por la política y su equilibrio inestable, que le es característico, a mantener la unidad para impulsar una transición pacífica. Aunque debemos consolidar más aún, si cabe, esa unidad cuando siendo gobierno –muy pronto- nos corresponda, como a españoles y chilenos, reconstruir la sociedad libre, democrática y en progreso que todos nos merecemos. Y con el compañero Bitar decimos: “Conocer la historia y aprender de ella nos ayuda a construir un futuro mejor”.

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