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Aquel país que se ufanaba de saborear las que el Sr. Rómulo Betancourt llamó en un latinazo propio de su singular personalidad: “Multisapidas hallacas”, muy pocos serán quienes puedan saborear el típico pastel navideño caracterizado porque sus componentes, representan nuestro criollo mestizaje, desde la masa del maíz que le sirve de base a sus demás ingredientes; carne de cerdo, carne aviar, aceitunas, alcaparras y pasas españolas, hojas de plátano, la “musa paradisiaca” que los conquistadores trajeron de África, coloreada esa masa como el guiso que rellena el criollo, típico plato decembrino, con “onoto” o “achiote” como en otros países latinoamericanos se le denomina, ya no podrá adornar la mesa venezolana en esta que era época de gozo y encuentro familiar.

La harina con la  que se elabora ha desaparecido, sus fabricantes son perseguidos políticos por un régimen gaznápiro que ha declarado enemigos a quienes se han dedicado a la tarea de rescatar el condumio propio de esta Venezuela que ayer fue próspera y hoy no lo es porque quienes se han apoderado de sus haberes del que es el pueblo su verdadero propietario y no ellos que según el decir de quienes ayer eran sus seguidores – ya no lo son – han despilfarrado, diríase se han apoderado, han malbaratado, ¿para que vayan adónde? La “pequeña suma” de trescientos cincuenta mil millones de dólares, ¿es eso patriotismo o carnaval de palabras huecas o vacías?  Este régimen ha gastado sin necesidad alguna – millones de dólares para proveerse de costosa maquinaria de guerra, ¿contra quién? ¿Será contra el mismo pueblo que sale desesperado en busca de comida y medicamentos que no encuentra?   Con ésta “dictocracia”, no habrá, mientras el pueblo debe estar a su servicio y no a la inversa, no solo “hallacas” sino los alimentos indispensables que han dejado “enteco” al mismo pueblo que antes votaba por ellos y que hoy quiere “botarlos” para que no continúen sometidos a esa hambruna que el mismo pueblo se ha encargado con su innegable “chispa” de darle un nombre, bien merecido por cierto.

Al arrancar de la mesa venezolana el “multisápido pastel”, más acendrada es la “cuenta” que le pasará en los comicios que no quiere llevar a cabo porque sabe la aplastante derrota que le espera, mayor aun que la del seis de diciembre de 2015, pero amordazado como está porque ha hecho un “mercado” de quienes deben estar al servicio de quienes sufren y piensan en esta patria adolorida, son victimas de chantajes, como despedir a quienes no se arrodillen ante sus desastrosas decisiones.  Solo nos queda la fe en este pueblo heredero de la gloria de Bolívar, de Páez y de todos los que se inmolaron para hacer de Venezuela, no una colonia del “Castrismo”, sino un nuevo campo del sitio inmortal de Carabobo, donde quienes dieron sus vidas por una patria grande no lo hicieron para montar en la silla de “Miraflores” a traidores a la patria, sino a dignos representantes de aquel “altar” donde quedó inscrita para siempre con la sangre de los Libertadores la epopeya que sirvió de fuente inspiradora de quienes le han servido, no de quienes se han servido del nombre de los fundadores de nuestra nacionalidad para vivir del narcotráfico que ha hundido en el fango lo que tanto costó fundar: la verdadera patria, no de quienes de ella se han servido para llenarse sus sucios bolsillos.   ¿Quedarán todavía quienes no permitan que Venezuela continúe aherrojada?  Esa es la esperanza que tiene la mayoría de este pueblo humillado, que fue ejemplo para otros países, y que hoy es vergüenza para quienes formamos parte de él.

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