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Considerando la situación poco menos que dramática que está viviendo este país, un país tristemente resignado, que ha perdido toda esperanza en el futuro porque hay una corrupción que, cual metástasis cancerígena ha invadido todos los sectores de la vida social, un país donde si no falta el agua falta la luz, un país donde matan impunemente mas de 40.000 personas todos los años, donde no hay medicinas, no hay repuestos, no hay artículos de primera necesidad,  un país donde las Instituciones del estado no son autónomas sino un apéndice del Gobierno Nacional, pues bien frente a ese cuadro catastrófico que todos estamos viviendo en primera persona, hace unos meses yo he hecho publicamente, a traves de un artículo de opinión, esta pregunta “shakespeariana”: ¿hemos tocado el fondo?

Sorpresivamente la respuesta mayoritaria que he recibido ha sido negativa. NO, yo creo que todavia no hemos tocado el fondo! Es evidente entonces que no hay confianza en este gobierno para que tenga la capacidad para revertir la situación y poner el país  a producir tratando de establecer finalmente un equilibrio entre demanda y oferta, para luchar con éxito contra ese cáncer de la economía que es la inflación.  Frente a ese cuadro de pesimismo arraigado o de evidente  y  palmario   convencimiento   de una realidad irrefutabile,  es lógico que la gente piense   –  y le sobra  elementos para pensarlo  –  que todavía no hemos tocado el fondo y, a tal propósito, no quiero ni  pensar lo que podría suceder ni mucho menos  las reacción que podría haber cuando lo toquemos.

Donde, en cambio, a mi manera de ver si hemos tocado el fondo es en el atrevimiento y en la sinvergüenzura  de esa “gente” para no acatar y hasta para violar la constitución, con tal de quedarse en el poder. En primer lugar y a traves de una institución sumisa a la voluntad del ejecutivo, como lo es el TSJ, descalificando la Asamblea Nacional, electa por el pueblo soberano, inhabilitándola para sus funciones, como por ejemplo la de aprobar el proyecto de ley de presupuesto, de acuerdo al párrafo primero del artículo 313 de la constitución, presupuesto luego abusivamente aprobado por el mismo TSJ.  Luego exigiendo que la recolección del 20% de las firmas se realizara en cada estado de manera que si en un estado no se logra el 20%, la solicitud de referendo es negada, decisión completamente anticonstitucional puesto que la circunscripción electoral del presidente es a nivel nacional y no estadal.

Ahora bien, frente a esa decisión drástica, como ha sido la de inhabilitar la Asamblea, cuyas consecuencias son imprevisibles, la pregunta brota espontanea.  ¿Donde está la famosa y tan cacareada soberanía del pueblo cuando es suficiente que una institución fundamental para el sistema democrático, como lo es la Asamblea, tenga mayoría opositora para que venga vulgarmente inhabilitada haciendo caso omiso de ese pueblo soberano que la eligió?

La única respuesta plausible que podemos darnos es que están sencillamente desesperados y la historia, maestra de vida, enseña que “LA DESESPERACIÓN ES MUY MALA CONSEJERA”.

 

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