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Para
este domingo, el evangelio nos trae el episodio que ve a Zaqueo como
protagonista. Es una conversión digna de ser comentada. Jesús entra en la
ciudad de Jericó, gran centro de intercambio comercial y población importante
como parada de camino hacia Jerusalén en momentos de peregrinación. Allí vivía
un hombre llamado Zaqueo, jefe de recaudadores de impuesto y muy rico. Lo más
probable es que su fortuna, como todo publicano, haya sido acumulada de manera
deshonesta.

Siguiendo
el relato evangélico, seguramente había conocido la fama de Jesús a través de
los comentarios que hacía la gente, y quería conocerlo. Supo que él estaba en
la ciudad, pero no lograba verlo, porque era bajo de estatura y había mucha
gente agolpada junto al Maestro. Su deseo era tal, que se subió a un sicómoro
para que, cuando pasara por allí, pudiese finalmente verlo. Efectivamente Jesús
pasó por ese lugar y, levantando los ojos hacia Zaqueo, lo llamó por su nombre
y le dijo que iba a su casa. Sorprende al lector que Jesús lo tratara como si
lo conociera. Tal vez había preguntado por aquel único hombre que estaba
montado en un árbol. Jesús le pidió que se apresurara en bajar.

La
intención del evangelista es teológica. La prisa hace referencia al acoger con
prontitud la llamada del Señor para la salvación que está a la puerta. La
palabra “hoy” confirma esa interpretación. El hoy es el momento propicio de la
escucha piadosa y humilde ante el deseo de Dios de querer salvarlos a todos. Es
allí cuando Jesús “entra en nuestra casa”. Zaqueo recibió con prontitud la
“invitación” e hizo tal cual como él le dijo.

El
texto dice que ese hombre se alegró. Pero no se hizo esperar la crítica contra
Jesús por haber entrado en la casa de un pecador, ladrón y usurero, según la
mala fama que tenían los publicanos. Hay un salto en el relato para pasar
inmediatamente al momento del compartir en la mesa, pues a cierto punto, el
mismo Zaqueo se levantó y realizó el compromiso de la conversión, prometiendo
primero dar a los pobres la mitad de sus bienes, y si alguna vez quitó lo que
no debía, cosa que seguramente habría hecho, entonces restituiría cuatro veces
más. Se trata de una confesión de sus pecados y del propósito de enmienda,
reparando el daño procurado. Jesús tomó la palabra, diciendo que “hoy” la salvación
entró en esa casa, y que, de hecho, su venida consistía en buscar y salvar todo
aquello que se había perdido.

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