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Esta semana se conmemora el día del estudiante. En Venezuela se escogió el 21 de noviembre porque en el año 1957 los estudiantes comenzaron una verdadera actividad que dio al traste con la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Ese día hubo volanteos e iniciaron una huelga contra la tiranía. En casi todos los países del mundo se conmemora el día del estudiante, aunque no en todos se celebra en la misma fecha.

En la década de los cincuenta, acá en Venezuela hubo muchos desaparecidos, torturados y encarcelados. Innumerables dirigentes políticos estaban en la clandestinidad, las casas de estudio eran espacios para el debate y la conspiración. Las detenciones de aquella época no crean que eran más que las que se producen en la actualidad, el asunto es que en esa dictadura los DDHH tenían menos connotación mundial que la que tienen hoy, y sin embargo, Maduro disfraza las detenciones con juicios amañados (como lo hacía Hitler), para esos fines tiene un contingente de fiscales y de jueces para fabricar cualquier adefesio jurídico y, de esa manera arrojar a jóvenes y adultos, sin importar la edad, a las mazmorras. Aunque hoy no existe aquella tenebrosa “Guasina” donde mandaban a los políticos que para el régimen eran peligrosos porque tenían un verbo encendido y suficiente arrojo para enfrentarse a la tiranía. El autócrata de moda, o sea, Maduro y sus secuaces, dispone de un abanico de prisiones ubicadas en diferentes localidades. Desde La Tumba, pasando por El Helicoide, Ramo Verde o la que está en boga y le encanta a Diosdado Cabello, me refiero a la 26 de Julio (en honor al ejército de irregulares cubanos) situada en el estado Guárico son los calabozos con que el régimen suele amenazar a los disidentes.

A pesar de lo cruento de los momentos vividos en la década de los cincuenta, los estudiantes se atrevieron a desafiar al tirano, como cientos de veces lo han hecho en el mundo y especialmente acá en Venezuela contra todos los gobiernos. No solo lo hicieron contra los de la Cuarta sino que también lo han hecho contra los de la Quinta, por ejemplo con Chávez se alzaron e impidieron que se reformara la Constitución o que entrara en vigencia una ley de Educación Superior que secuestraba bajo el manto de la legalidad la autonomía universitaria.

¿Dónde están los estudiantes?

Esa pregunta me la repiten a cada rato como a la espera de una rebelión universitaria. A quienes me hacen esa pregunta, les contesto: ¿dónde estamos los profesores que debemos acompañarlos? En efecto. Esto no es asunto de aupar solamente a los estudiantes, que en definitiva son los más corajudos; la cuestión consiste en involucrarnos junto a ellos para conquistar la liberación de nuestro país. El desgano es generalizado. Aquí no distingo entre ningún miembro de la Universidad, sea estudiante o profesor; empleado u obrero. O reaccionamos todos o veremos cómo sucumben frente a nosotros las casas de estudios y con ellas, créanlo, que también sucumbirá el país.

La Universidad el último bastión de la democracia.-

No podemos perder la fe en nuestras universidades, aprovechemos al máximo sus espacios para darle rienda suelta a los sueños de libertad; para enarbolar la bandera de la patria libre. Somos los universitarios los llamados a reconstruir el país. Somos cientos de miles quienes todos los días compartimos en las aulas de clases y en los pasillos universitarios. Basta de miedos. Sacudamos la apatía. ¡Es ahora o nunca!

El país se nos cae mientras esperamos a un salvador de la MUD o de los cuarteles. No esperemos a nadie. Los líderes están en los salones, en los autobuses, en el comedor, en los laboratorios. Hay que entenderlo desde ya: ¡la salvación está en nuestras manos, lo único que nos ha faltado es la voluntad!

Amigos: literalmente nuestras universidades se mantienen abiertas gracias al sacrificio de sus trabajadores

Les pido compañeros y amigos que: hoy cuando lleguemos a la Universidad, reflexionemos con nuestros compañeros, alumnos y profesores. Analicemos la situación, evaluemos cuál es el camino que llevamos y busquemos la solución. Mirémonos con sentido crítico; observemos los laboratorios, entendamos que la Universidad no le asignan recursos para reparar los aíres acondicionados, reparar las luminarias, contar con buenas y serias empresas de vigilancia, para colocar cámaras de seguridad, para tener más y mejores rutas de transporte. Fijémonos en los paisajes enmontados, y en fin, pensemos en el estado de deterioro de nuestras casas de estudio. No tenemos ni siquiera  como comprar o reponer los microscopios, los aparato de video beam, comprar cuestiones elementales como los reactivos para los laboratorios o materiales para la Facultad de Odontología. Amigos: literalmente nuestras universidades se mantienen abiertas gracias al sacrificio de sus trabajadores, porque como ustedes también lo saben y lo sufren, todo el personal que labora en la Universidad recibe salarios de hambre. No hay distinción, todos cobran menos de lo que cuesta la canasta básica. Examinemos el presupuesto destinado a la docencia o a la investigación y comparémoslo con el que dilapidan en chatarras militares. Si queremos ser más acucioso investiguemos los miles de millones de dólares que están depositados en cuentas del exterior pertenecientes a “revolucionarios” que hasta hace menos de 15 años eran pobres de solemnidad.

Busquemos a un profesor de economía que en la Universidad de Carabobo tenemos brillantes docentes, para que nos explique sobre las políticas económicas, revisemos lo que ha recibido la nación por renta petrolera, demos un vistazo a los índices inflacionarios o a los niveles de desabastecimiento, al disminuido sistema de salud pública otrora orgullo de los venezolanos. Indaguemos con algunos de nuestros magníficos ingenieros qué es lo que pasa con el sector eléctrico. Para estas respuestas, no pensemos en Chávez o en Maduro, en el PSUV o en la MUD, no veamos a nadie en particular. Hagámonos como universitarios la siguiente pregunta ¿qué estamos haciendo para que las cosas cambien? Yo les contesto ¡NADA! (o muy poco, para no herir susceptibilidades)

Compañeros tanto en la calle como acá dentro de las Universidades nos vemos como un problema más y no como debe ser: como la solución. Los invito a convertirnos desde ya en parte fundamental de la solución, y para ello es necesario dejar de un lado la apatía e involucrarnos en la transformación. Primero discutiendo en los salones o en los pasillos las estrategias, para luego decididamente salir a las calles.

Hagamos el gran movimiento universitario. Somos cientos de miles y si contamos a nuestros familiares y amigos somos millones de ciudadanos que podemos presionar para que se produzcan los cambios. Si las universidades callan, no esperemos que los cuarteles griten.

Los ciudadanos ven a los universitarios como la voz. Sí señor como el accionar de la esperanza. Les pido no defraudarlos.

¡Que vivan los estudiantes; que vivan los profesores, que vivan los universitarios, que viva la Universidad, que viva Venezuela libre!

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Pablo Aure
Secretario de la Universidad de Carabobo y coordinador del Núcleo de Secretarios de las Universidades de Venezuela. Abogado. email: [email protected]
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