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Estimados lectores, en esta ocasión les obsequiaré dos artículos relacionados entre sí.

 

CADÁVER EXQUISITO

En estos días de crisis y de escasez, debemos pensar en cómo ahorrar. Hay que evitar gastos superfluos para cuando llegue el inevitable momento. No importa que usted esté sanito. Es obvio que aún no ha partido, sino no estaría leyendo este artículo en El Carabobeño. Mi idea es la siguiente, mientras esté saludable, prepare su entierro.

-Sepulte todo lo que se le enferme. Por ejemplo, si se le hincha un dedo del pie, no lo cure ¡Córteselo! Comience a enterrarse usted mismo por partes en pequeños y económicos ataúdes. ¿Le duele una muela? ¡Sáquela y entiérrela! ¿Le salen verrugas? Córteselas y cuando reúna varias, vélelas y entiérrelas. Así, sin darse cuenta, cuando llegue su momento final, quedará tan poquito de usted que el entierro saldrá baratísimo.

-Si usted siente aunque sea una gripecita, trate de regresar a la familia que abandonó cuando era joven. Allí lo recibirá su ex esposa, vieja y cansada de tanto trabajar para criar a los hijos que usted abandonó. Es probable que se conduela con su situación y lo deje quedarse hasta que usted sea llamado por el Señor. Este sistema tiene la ventaja de que le ahorrará mucho dinero a la última familia con la que vivió, pero con usted muerto, su más reciente esposa se enterará de la existencia de su primera familia y sentirá rabia al descubrir lo irresponsable que fue en vida. Pero tranquilo, esos sentimientos se disiparán al darse cuenta de que no tendrán que pagar los gastos funerarios.

Yo he reflexionado y he decidido dejar una carta a quienes en vida me aman:

Queridos deudos

Lamento que no hayan sido ustedes quienes hoy estén aquí, acostados e inertes. Sé que todos están asomándose al ataúd mirándome morbosamente para ver si quedé igualito ¡Sí, quedé igualito! ¿Acaso no soy el mismo? Si no cambié en vida, ¿voy a cambiar ahora?

Hablen duro. Ríanse de mí. Echen chistes de muertos. No se escondan para tomar whisky o ron, háganlo descaradamente pero eso sí, a partir de este momento, beban en mi nombre ya que obviamente yo no podré hacerlo. No duden que desde donde esté los estaré acompañando con sus espirituosas bebidas.

Amigos, sé que andan como zamuros para apoderarse de mis mujeres, así como en vida, sin ustedes estar muertos, yo me apoderé de las suyas. Lejos de mi está sembrar cizaña pero, averigüen.

Avisao, a las personas que no me gustan las voy a asustar ¡Estoy tan emocionado por eso! Los voy a volver locos. Lávense bien los pies porque se los voy a jalar todas las noches.

Quienes quieran rezar. Háganlo. Y jamás olviden que el licor me hizo feliz. Si quieren cremen mi cuerpo, liguen mis cenizas con whisky y espárzanlas en el cerro El Ávila aunque sea de a poquito, ya que siempre regresaré a Caracas para disfrutar de esta irremplazable ciudad.

Por último, a quienes hoy están contentos con mi partida, lamento decirles que pronto estaré de regreso como un lindo bebé que ya está en gestación.

 

EL SENTIDO DE LA VIDA

Cuando lo extraordinario forma parte de lo cotidiano, parece normal. A veces no tenemos tiempo para darnos cuenta de lo afortunados que somos por haber nacido. Todas las probabilidades estaban en contra, sin embargo, lo logramos. Tenemos la suerte de estar aquí y de darnos cuenta de que existimos. Un árbol, un pájaro o una planta, también son nuestros compañeros de vida en esta extraordinaria y hasta el momento, única nave llamada tierra, en donde viajamos a un destino desconocido e incierto aún antes de nacer. Sí. Antes de nacer existíamos en otras formas y en diferentes cuerpos, parece increíble pero todos fuimos proyectos en los genes de nuestros padres quienes, por alguna misteriosa y afortunada casualidad (para nosotros), decidieron conocerse y amarse.

¿De qué sirve la belleza de una flor si no hay ningún ser pensante que la admire y le dé la connotación de bella?

La cosa es más preocupante si pensamos en la probabilidad de que la raza humana nunca hubiera existido. Todo estaría perdido: nadie jamás sabría que era posible que existiera tanta belleza como la que a diario disfrutamos en nuestro entorno.

Sabemos dónde vivimos y sabemos cómo nacimos, pero no sabemos cuándo partiremos ni hasta qué estación llegaremos.  Somos, ante todo, pasajeros de un enorme tren. Nos asombramos y nos admiramos por las cosas que rápidamente pasan por las ventanas. A veces, algunos viajeros que tampoco saben a dónde van, se bajan al tiempo que suben otros que no pueden explicar qué había en su estación.

Las maletas de nuestro viaje tienen grandes tesoros. Están llenas de cosas que el desconocido maquinista, el que conduce nuestro tren, nos envía: tenemos casas, terrenos, automóviles, plantas, camas y comida. Bueno, algunos pasajeros lo tienen, otros, aunque son nuestros compañeros en el viaje, cual si fueran fantasmas, no logran tocar lo que en el tren existe.

Somos capaces de crear cosas que tangiblemente no tienen forma definida y que, además, son invisibles. Inventamos el amor y la amistad como un cinturón de seguridad y salvavidas a la vez en este extraño y surrealista viaje.

Un día nos encontramos en un vagón y de pronto el viaje adquiere un sentido diferente. Luego, por esa casualidad, nos descubrimos como seres hermosos capaces de crear cosas que sólo pueden imaginar quienes tienen la virtud y el privilegio de amar a otros.

¡El amor existe! Es tan grande ese sentimiento, que el día que nos toque bajar en nuestra estación, será lo único que podremos dejarle a los que siguen.

La vida es una idea, una efímera fantasía que sólo sirve para que el amor viva en ella.

Definitivamente, el amor existe, la prueba: estamos juntos compartiéndolo.

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