Foto: Referencial
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Antiguos maillots y fotografías en blanco y negro adornan sus paredes… Desde que el primer Tour echó a rodar en 1903 delante de sus puertas, el hotel-restaurante Le Reveil-Matin de Montgeron es un símbolo del ciclismo en Francia, y espera al pelotón 114 años después en la 21ª etapa del Tour.

Montgeron es una comuna que se halla a una veintena de kilómetros de la capital francesa. La última etapa de la ronda gala unirá este domingo la entrada del modesto restaurante con los escaparates más lujosos de los Campos Elíseos.

“No podemos olvidar el alma del Reveil-Matin, hay que mantener su aspecto original”, señala a la AFP su propietario Luciano Mantovani. Este italo-brasileño de 41 años se hizo con el local en 2008, y aunque organiza fiestas de samba, conserva la decoración y las fotos de antiguos corredores y utensilios de época.

El Reveil Matin es un lugar de peregrinaje para todos los aficionados al ciclismo.

El Hotel tiene reservadas todas sus habitaciones este fin de semana. Los huéspedes podrán presenciar desde sus ventanas la salida de los 103 últimos kilómetros del Tour.

Aunque la Grande Boucle ya pasó en seis ocasiones desde 1903 por el lugar en el que comenzó todo, hacía ya 14 años que la carrera no se encontraba con sus raíces.

Y en toda la ciudad se atisban vínculos con el Tour. Así, la zona comercial lleva el nombre de Maurice Garin, primer ganador del Tour, en 103, cuando el pelotón estaba compuesto por 60 corredores, y el recorrido obligaba a rocambolescas aventuras.

Se recorrían 2.500 kilómetros en seis etapas. A más de 400 kilómetros al día. No es de extrañar que sólo un tercio de los que tomaron la salida llegasen al Parque de los Príncipes.

Todo ello con bicicletas de más de 15 kilos y con solo un piñón.

Vino y yema de huevo 

Los jóvenes ciclistas actuales de Montgeron, en sus monturas de carbono o titanio equipadas con sistemas de cambio de velocidad electrónico, valoran las gestas de sus antecesores.

Robin Malet, de 20 años, rueda en carrera a velocidades medias superiores a los 40 kilómetros por hora. Pero se siente “incapaz” de recorrer el país en una bicicleta antigua a 25 kilómetros por hora.

“Los corredores de antes eran más duros que los de ahora”, estima Serge Galland, de 60 años, desde su tienda de bicicletas a pocos pasos del Reveil Matin.

“Mi padre, que corrió en los años 30 me hablaba de la mezcla entre vino de Oporto y yema de huevo. Estaba concebida para dar una dosis extra de fuerza, pero era más mental que otra cosa”, reconoce.

De la cantera de Montgeron salió su hijo, Jeremie Galland, que participó en el Tour de 2011.

En 1903 “nadie imaginaba que el Tour sería una institución en el pueblo”, afirma el historiador local Renaud Arpin. El periódico “L’Auto”, creador de la carrera para aumentar sus ventas respecto a su rival “Le Vélo”, fijó la salida en Montgeron porque las carreras estaban prohibidas en París.

Además, un tren comunicaba Montgeron con Lyon, donde terminaba la primera etapa, lo que permitía el desplazamiento a los organizadores.

En aquel momento el periódico local apenas dedicó unas líneas al evento, aunque sí “destacó que el dueño del local hizo un buen negocio ese día”, sonríe Arpin.




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