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En Navidad suelen incrementarse de forma habitual las reacciones alérgicas debidas a la ingestión de frutos secos, frutas menos habituales en otros momentos del año, crustáceos y marisco, ya que en estas fiestas se incrementa el consumo de estos alimentos.

Debemos estar alerta ya que en las Navidades es muy común comer fuera de casa, por lo que las comidas pueden contener el alérgeno responsable al existir un menor control sobre la preparación y un posible desconocimiento por aquellos que las preparan.

Por otra parte, puede pasar inadvertido en la comida el alimento desencadenante, ya que pueden estar próximos unos a otros y quedar restos por contacto; se pueden manipular alimentos y, luego contactar otros sin haberse lavado las manos de manera adecuada, emplear el mismo instrumental de cocina, etc.

En los niños de nuestro entorno la prevalencia por orden de frecuencia incluye la leche de vaca, el huevo, el pescado, las legumbres, las frutas y los frutos secos. Si bien los lácteos, huevos y otros alimentos son de consumo casi diario durante todo el año, en estas fechas continúan dando reacciones alérgicas, por lo que no debe bajarse la guardia. En la gran mayoría de pacientes los efectos se producen en los 30 minutos posteriores a la ingesta. Los síntomas variarán entre el prurito oral y el shock anafiláctico, que es mortal si no se revierte.

Al margen de las alergias alimentarias, dos condiciones que también muestran una elevada prevalencia en la población infantil son la mala absorción de lactosa y la enfermedad celíaca.

El único tratamiento comprobado es la eliminación en la dieta del alimento que produce la enfermedad y, en caso de reacciones graves, se recomienda tener a mano en el botiquín adrenalina autoinyectable, corticoides orales y un antihistamínico oral.

Precauciones en la cocina y en la mesa

Nuestros niños también pueden disfrutar de las comidas habituales en esta época ya que, si bien tenemos que tener en cuenta una serie de restricciones, una buena planificación debe permitir la elaboración de menús igualmente excelentes y saludables para ellos.

Una buena norma, en caso de tener en casa algún comensal celíaco o con mala absorción de lactosa, es adaptar todo el menú para que no existan divisiones y todos saboreen la misma comida.

En el caso de la mala absorción de lactosa el mayor problema se suele centrar en los aperitivos basados en quesos y salsas como la bechamel. Existen numerosas páginas de internet y libros en los que encontrar recetas para entrantes que no contienen lácteos en su composición, como las tartaletas de huevos de codorniz con beicon, los canapés de bacalao con crema de aguacate, las brochetas de mar y montaña…

En el caso de los celíacos, el principal problema se encuentra en los aperitivos a base de tostas, canapés y pinchos. Aunque hay muchos productos certificados sin gluten en el momento actual, se puede optar igualmente por recetas que no lo contengan, como pinchos sobre cucharillas a base de pulpo, queso con calabaza, etc.

Los primeros platos, en muchas casas, suelen ser sopas o cremas. En el caso de no tolerar la lactosa, se ha de procurar que no contengan nata, leche o quesos. Buenos sustitutos son las sopas y cremas vegetales, como los puerros o la calabaza. En el caso de los celíacos, se evitará añadir harinas para espesar o picatostes.

Existen también recetas aptas para celíacos en la elaboración de pasteles, con harinas especiales, o sin recurrir a ellas, con bases de fruta o mousses frutales (mango con arándanos, por ejemplo), que son opciones ligeras y frescas, muy apreciadas por los niños.

Recordemos que en toda celebración que hagamos fuera de casa es necesario hablar sobre las comidas que no puede tomar el niño. Ofrézcase a colaborar con el anfitrión para elaborar un menú seguro. En la mayoría de los casos es posible crear una comida segura, ajustando pequeños detalles en la receta. Es esencial etiquetar todo y evitar un contacto cruzado entre los alimentos.

Compartir las limitaciones en la comida entre todos los presentes ayudará a evitar accidentes. En caso de que esto no sea posible, elaborar los alimentos de forma separada, marcarlos adecuadamente y servirlos en primer lugar.

En caso de que no sea posible variar la comida realizada por el anfitrión, llevar una comida segura para el niño que pueda comer allí. Acuérdese, también de los alimentos de picar, así como de los postres.

Mantener los cubiertos separados, así como los utensilios de servir y lavar las manos antes de comer y de manipular los alimentos.

Dependiendo de la edad del niño, lo más probable que quiera sentarse en la mesa cerca de los demás. En caso de existir alimentos peligrosos para él, separarlos a una distancia adecuada para que no pueda alcanzarlos de forma accidental.




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