La privación sensorial temporal de ratones que han sufrido un accidente cerebrovascular puede ayudar a activar el cerebro para que vuelvan a conectar los circuitos dañados, según un estudio que publica hoy Science Translational Medicine.

Un equipo de investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Saint Louis estudiaron estos animales para llegar a la conclusión de que “detener temporalmente las señales neuronales de una parte sana del cerebro puede ayudar a la recuperación de un derrame cerebral”, según un comunicado.

Así, los ratones que habían sufrido un accidente cerebrovascular eran más propensos a recuperar la capacidad de usar una pata delantera si se les cortaban los bigotes.

Sin sus bigotes, una parte del cerebro del ratón deja de recibir las señales sensoriales que estos envían, lo que deja esa zona cerebral más plástica, es decir, más receptiva al “recableado” para asumir nuevas tareas, agrega la nota.

“Puede que tengamos que repensar cómo hacemos la rehabilitación después de un accidente cerebrovascular”, la cual suele centrarse en tratar de entrenar a los pacientes para compensar la discapacidad causada por el derrame, “pero esta estrategia tiene una efectividad limitada”, escribe en un comunicado de la Universidad Jin-Moo Lee.

Los resultados del estudio “sugieren -según el experto- que podríamos ser capaces de estimular la recuperación al desocupar algunos ‘bienes raíces’ cerebrales y hacer que esa región del cerebro sea más plástica. Una manera de lograrlo podría ser inmovilizar una extremidad sana”.

El cerebro tiene plasticidad, es decir, es adaptable. Por lo que las personas que han sufrido un accidente cerebrovascular recuperan un cantidad limitada de funciones de manera natural, por ejemplo, una persona que tras un ataque es incapaz de mover un brazo, a veces pude mover los dedos una semana después.

Las imágenes cerebrales de esas personas muestran que el control de los dedos se desplaza desde la zona dañada del cerebro a otra cercana que esté intacta.

Así, otro de los autores del informe Andrew Kraft, de la Universidad de Washington y su equipo, especuló que la desconexión de las señales de un área no lesionada cerca del lugar afectado por un derrame cerebral propiciaría la reubicación en esa área.

Los investigadores provocaron en ratones un derrame cerebral localizado en la zona que controla la pata delantera derecha, tras lo que a la mitad de los roedores les cortaron los bigotes para inducir una privación sensorial en una parte del cerebro cercana a la del accidente cerebrovascular.

En la siguiente etapa, los expertos midieron la recuperación de los ratones, con y sin bigotes, para lo que compararon el uso que hacían de sus patas delanteras.

Aunque justo después del accidente cerebrovascular ambos grupos favorecían el uso de la pata izquierda, cuatro semanas después los roedores sin bigotes habían empezado a emplear la derecha y dos meses más tarde usaban las dos por igual.

Pero, los ratones con los bigotes intactos no mostraron mejoría alguna un mes después y a los dos meses lograron solo una recuperación parcial.

Los bigotes se volvieron a dejar crecer pasadas las ocho semanas, cuando los animales se habían recuperado del derrame y usaban ambas patas por igual. Un mes después el control de los bigotes en el cerebro había recuperado parte de su lugar y el de la pata delantera mantuvo un rincón de esa zona, pero el empleo de las mismas siguió siendo normal. EFE




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