Arnaldo Rojas/Funcamama

La tergiversación o la manipulación informativa con fines turbios es una práctica contraria a la ética y, por tanto, al periodismo (el maestro García Márquez, advirtió que “la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo, como el zumbido al moscardón”).  Esto es aún más grave en el periodismo de salud que, como su nombre lo indica, se basa en educar al público para que se empodere del tema, informando y explicando sobre prevención y control de enfermedades, descubrimientos, avances y hechos científicos recientes o entrevistando expertos y defensores de derechos humanos en salud o ante la presencia de una epidemia o de un hecho eventualmente desastroso que pueda afectar a la comunidad.

El ejercicio informativo en salud debe ser aún más responsable porque están en juego el bienestar y la vida de grandes conglomerados humanos.

Estas reflexiones vienen a propósito de la manera irresponsable con la que actúan algunos operadores informativos, como el caso reciente de unas declaraciones ofrecidas por Luisa Rodríguez Táriba, presidenta de Funcamama, al portal de noticias panameño Panam Post y publicadas el 26 de febrero, uno de cuyos párrafos textualmente dice: “Luisa Rodríguez Táriba, presidenta de la Fundación Contra el Cáncer de Mama (Funcamama) y directivo de la ONG Codevida, alertó al PanAm Post que en Venezuela hay al menos tres millones de pacientes que están a punto de perder sus vidas por la escasez de tratamientos”.

Otro portal, “Venezuela Al Día”, tomó estas declaraciones y las publicó el mismo día con el titular “Especialista presenta el exuberante monto que se necesita para recuperar el sector salud” y de la siguiente manera: “Luisa Rodríguez Táriba, presidenta de la Fundación Contra el Cáncer de Mama (Funcamama) y directivo de la ONG Codevida, ofreció una entrevista a PanAm Post donde advierte que en el país hay 13 millones de personas en riesgo de perder la vida, debido a la escasez que Maduro y sus secuaces niegan”.

No solo hay una enorme alteración de la cifra: de 3 millones la pasaron a 13 millones (¿error de transcripción?) sino el uso de adjetivos calificativos contra las autoridades gubernamentales que no forman parte de la declaración original. Además, no hacen ninguna aclaratoria posterior ni “fe de erratas”, lo cual revela una total falta de respeto tanto a la fuente original como a la vocera, exponiéndola a ella y a los pacientes organizados que representa a posibles medidas judiciales o represalias por parte de las instituciones oficiales aludidas.

El problema es que estas desinformaciones circulan masivamente por las redes y otros medios que las repiten, motivadas por esa perversión que antes era llamada “amarillismo” y que ahora la sociología de la comunicación clasifica como Fake News (noticias falsas) y Posverdad (toda información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que responde a determinados intereses o apela a las creencias, bajos instintos o prejuicios del público), lo cual constituye un grave atentado al derecho humano de recibir una información veraz y equilibrada. Este tipo de prácticas en nada contribuyen a la salud mental de sus receptores y sólo causan daños.

Precisamente, viene a propósito recordar un principio ético fundamental de la medicina, válido también para el periodismo: Primun non nocere (Lo primero es no hacer daño).

prensa@funcamama.org

 




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