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Hernani Zambrano Giménez || hernaniz@yahoo.com 

Al acercarse el 31 de diciembre, como ocurre cada año, son muchas las personas en las que se activan cargas de emociones guardadas, viejos sentimientos de culpa y molestosos sentimientos depresivos. Se nos aparecen vivencias arrastradas desde la infancia y hasta recreamos instantes personales trascendentes. Pero, asimismo, pueden brotar hermosas imágenes asociadas con la niñez, con la adolescencia, con la familia, y con otros eventos cruciales que movilizan nuestros paquetes de recuerdos.

Buena parte de esos recuerdos son reconfortantes. La llegada, mayormente deseada, de los días de fin de año, además de servirnos como elemento de catarsis y generador de conciencia, nos facilita las interrogantes y autocríticas en torno a nuestro pasado, presente y futuro. Diciembre de cada año puede convertirse en un reto para el análisis y la meditación. Así podemos saber que muchas de las angustias que nos han acompañado en los últimos fines de año, están asociadas con los temas de la difícil situación de nuestro país. 

El año 2015 no ha sido la excepción. Y aunque nuestra sociedad, al igual que la de otros países, no haya escapado a las grandes distorsiones sociales, económicas y políticas, tampoco hemos estado al margen de la violencia virulenta sostenida que se abre camino, paso tras paso, en nuestra nación, y en muchos otros puntos candentes del planeta.

2016: A mantener la esperanza 

¡2016 es el regreso a Venezuela, para mantener las esperanzas! Con la llegada del año nuevo 2016 se repetirán algunos eventos, pero se gestarán otros tantos. Así es la dinámica circular de los acontecimientos históricos, sociales y humanos. Comencemos por juntar esfuerzos para completar lo que hemos dejado “a medias” o lo que queremos rectificar en este nuevo año. Para el 2016 necesitaremos una fuerte dosis de entereza, temple y autocontrol, pero, particularmente, una gran dotación de esperanzas realizables.

Conscientes de lo que acontezca y de lo que hayamos perdido, tendremos que hacer revisión de los logros, y ajustarlos mediante una visión de futuro. Estas acciones podrán ser angustiantes y con grandes expectativas por sus efectos ciudadanos y sociales; pero por convicción, en este país que tanto nos ha dado, y que mucho espera de nosotros, todo esfuerzo asumido con solidaridad, es de primera necesidad.

Para avanzar con Venezuela deben recobrarse todas las dignidades humanas perdidas; tantos liderazgos desbordados, ponérsele freno a la idolatría de los “próceres prefabricados”, y purificarse el hoy confuso “gentilicio” nacional.

Venezuela nos espera, porque no ha perdido la fe en nosotros. Venezuela clama un rescate y clama por el final de los malos tiempos. Venezuela no soporta que mendinguemos el presente y, menos aún, el futuro. Venezuela no se conforma al vernos con un plato de comida al día, ni el chantaje de que hipotequemos a las próximas generaciones ciudadanas. Tampoco acepta ver nuestras manos “hinchadas”, por tanto aplaudir a la mediocridad y a los mediocres.

Nuestra nación puede llegar a ser una sociedad de ciudadanos emprendedores, educados para la excelencia, para multiplicar la eficiencia y crear trabajos. Venezuela necesita una libertad plena, no vigilada, ni espiada, ni condicionada; una sociedad sin servicios sociales “comprados” a plazos o sujetos a trueques. ¡Venezuela necesita una sólida salud mental en sus ciudadanos! ¡Queremos una Venezuela vivible! ¡Así es la Patria deseada para el año 2016! Y con las palabras ya tradicionales, digamos en voz alta: ¡Feliz Año Nuevo 2016!




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