(Foto referencial)
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Más de 70 mil desplazados sirios permanecen en tierra de nadie entre Siria y Jordania, un punto inaccesible para las organizaciones humanitarias, que asisten como pueden y de forma irregular a una población extremadamente vulnerable.

Es una operación humanitaria muy complicada por motivos de seguridad y de logística. Estamos a 46 kilómetros del último punto donde hay carretera, declara la española Laura Sisniega, portavoz de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) que, como el resto de cooperantes, tendrá que abandonar esta área desértica, antes de que caiga la noche, para evitar imprevistos.

Solo ha sido posible realizar una entrega de comida entre noviembre y enero pasados en el campo informal de Rukban, después de una temporada de lluvias que embarró el inhóspito recorrido de 46 kilómetros utilizado para el transporte de bienes y trabajadores, denuncian las agencias de la ONU que operan en el área.

Tampoco los informadores tienen acceso a este punto negro de las consecuencias del conflicto sirio, aunque de forma totalmente excepcional el Ejército jordano permitió a un grupo de medios, un acercamiento esta semana.

Estamos a tres kilómetros del Estado Islámico (EI) y en una provincia (Mafraq) abierta a los límites con Siria e Irak, explica el general jordano Amid Barakat Ayarma, que lidera la unidad encargada de la seguridad en este área, declarada zona militar cerrada.

Sin acceso al campo ni cobertura telefónica ni internet (solo con satélite), los trabajadores humanitarios saben de la precariedad que se vive dentro de Rukban cuando escuchan y ven las condiciones de los sirios que llegan a la clínica, situada en territorio jordano, en la que son tratados antes de volver al campo.

La situación dentro de Rukban es insoportable. No hay comida ni médicos… no hay nada, narra Jadiya Zaal, de 60 años, que huyó con su familia de la guerra en Homs y se refugió hace catorce meses en este emplazamiento fronterizo conocido como “Berma”.

A falta de frontera natural, Siria y Jordania delimitaron con montículos de arena este territorio en medio del desierto, dejando un espacio intermedio sin soberanía de ninguno de los países, una “Tierra de Nadie” a la que los trabajadores de la ONU no pueden entrar.

Allí, Naciones Unidas identificó en febrero con fotos satélite 6.460 viviendas temporales, un incremento con respecto a las registradas en diciembre, que se han extendido hasta la provincia siria de Homs y donde viven unas 70 mil personas sin asistencia y expuestas a los embates del terrorismo, como el atentado de enero que causó 11 muertos.

Los sirios de Rukban siempre tuvieron la entrada restringida como refugiados a Jordania pero, desde el ataque suicida del 21 de junio que mató a 6 soldados jordanos en los alrededores y fue reivindicado por el EI, la acogida de solicitantes de asilo quedó completamente paralizada.

También se limitó la asistencia de las organizaciones humanitarias, así que el reparto de comida de agosto, después de dos meses de desabastecimiento, se hizo a través de grúas que dejaban caer los productos básicos en medio del campo desde el área jordana.

Una práctica que no es ideal para este tipo de asistencia porque no tenemos una evaluación concreta de qué necesitan ni si esa entrega llegó a todo el mundo, dijo Olga Sarrado, portavoz de la Agencia de la ONU para los refugiados (Acnur).

Amnistía Internacional (AI) denunció en septiembre que las autoridades jordanas impedían el acceso de ayuda humanitaria a Rukban, tras cerrar los pasos a este campo informal que no ha dejado de crecer desde hace dos años.

En diciembre, los organismos internacionales lograron consolidar un área de servicios colindante para asistencia sanitaria, en territorio jordano, y un centro de distribución dentro de “Berma”, junto a Siria, que vigilan con unas cámaras facilitadas por la OIM.

Al centro de distribución solo entran en escasas ocasiones, cuando las condiciones climatológicas y de seguridad lo permiten, empleados jordanos civiles que informan a los desplazados, a través de líderes locales, del reparto de bienes básicos.

Una asistencia considerada insuficiente para las organizaciones internacionales, preocupadas por la vulnerabilidad de esta población que ha quedado bloqueada en un área desértica entre los dos países, con asfixiantes temperaturas en verano y gélidas en invierno.

Entendemos la preocupación del Gobierno por la seguridad, pero seguimos pidiendo que se facilite el reparto de ayuda humanitaria y continuamos en conversaciones para que permitan a los más vulnerables el acceso a Jordania, solicita Sarrado




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