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Ya no son habituales los sonidos de motores y cornetas que anunciaban la llegada de barcos a los muelles de Puerto Cabello. Cada vez se escuchan menos. Solo uno o dos buques cada 15 días con carga a granel se recibe en promedio desde diciembre. Se trata de una merma calculada en 83,33% respecto al movimiento registrado en 2016.

Tres barcos a la semana se contabilizaron el año pasado. Era una leve muestra de recuperación en la importación de materia prima para la agroindustria como soya, trigo, maíz y azúcar, que provocó que transportistas de trayectoria en el traslado de contenedores, cuya actividad se ha limitado a compras hechas por el Gobierno y que son distribuidas al país en sus propias unidades, adaptaran sus gandolas para ser parte del gremio granelero.

En la suma eran dos mil 500 conductores los que cumplian labores en la zona portuaria de Carabobo, de acuerdo al registro del Frente de Trabajadores Graneleros y Similares (Fetragransi), y que han tenido que enfrentar esta nueva crisis condicionada por la disminución en el trabajo que solo les permite hacer uno de los tres viajes que a la semana lograban cumplir en 2016.

20% de esos transportistas siguen el rumbo de la migración. Ahora se dedican a la carga y despacho de cosechas de diferentes rubros en regiones como Acarigua y Calabozo. “No han tenido otra opción. Lo hacen para poder sobrevivir”, expresó Julio Abreu, presidente del Fetragransi.

VANDALISMO DISFRAZADO DE HAMBRE

No importa la hora. El lugar tampoco es una constante ya. Cuando una unidad sale cargada de Puerto Cabello cada vez es más certera la posibilidad de ser robada. La modalidad varía: Grupos de más de 15 personas se atraviesan en la vía cuando la luz roja del semáforo se lo facilita, otros lanzan piedras al parabrisas, les colocan obstáculos en la autopista o “miguelitos”, e incluso interceptan la gandola con varios vehículos particulares.

No es por hambre. Abreu está seguro de eso. Los hechos son cada vez más violentos. El martes 24 de enero a un chofer que llevaba harina de soya le lanzaron una bomba molotov en La Sorpresa y resultó con graves heridas de quemadura en su cuerpo, mientras que otro en la carretera Morón-San Felipe, fue asesinado de tres impactos de bala que le hicieron desde un carro en movimiento que intentó interceptarlo sin éxito. Pero al final el objetivo del robo de la carga de azúcar se cumplió.

Son acciones que no son nuevas. Desde el año pasado se viven pero ahora son más frecuentes y peligrosos. “Antes solo se limitaban a robar lo que quedaba en los tanques cuando la unidad estaba de regreso al puerto. Ahora se quieren llevar todo y hacen lo que sea para conseguirlo”.

 




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