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Farrow insistió que el conflicto no tiene tintes religiosos (Foto Archivo)

EFE

La actriz estadounidense Mia Farrow, embajadora de buena voluntad de Unicef, llamó este martes la atención en la sede de la ONU sobre la situación “deplorable” de la República Centroafricana y advirtió de que el país se ha convertido en el lugar perfecto para la instalación de grupos extremistas.

Farrow, en una conferencia de prensa tras visitar la zona, alertó de las consecuencias que el conflicto que se vive allí está teniendo para la población y, en especial, para los niños.

“La gente de la República Centroafricana es seguramente la más abandonada de la Tierra”, opinó la veterana actriz, que ya ha viajado a la República Centroafricana en varias ocasiones para conocer de primera mano la situación.

Farrow recordó que según algunas cifras podría haber en el país unos 10.000 niños soldado y aseguró que gran parte de la población vive envuelta en “miedo e ira”.

La República Centroafricana sufre una espiral de violencia protagonizada por milicias musulmanas, partidarias del exgrupo rebelde Séléka, y cristianas, las denominadas Anti-Balaka.

El conflicto, que según insistió Farrow no tiene tintes religiosos, ha obligado a cientos de miles de personas a huir de sus hogares y ha sembrado el desgobierno en buena parte del territorio.

Esa situación supone “una invitación para que cualquier grupo extremista entre, se entrene y use el territorio como quiera”, advirtió la embajadora de Unicef.

Farrow aseguró que milicias como Boko Haram, que actúa en Nigeria, podrían instalarse “fácilmente” en el país, donde denunció que se dan “todo tipo de negocios” sin ningún control, como el tráfico ilegal de diamantes o la caza furtiva.

La coalición Séléka, compuesta por cuatro grupos rebeldes, se alzó en armas en el norte de la República Centroafricana en diciembre de 2012 al considerar que el entonces presidente, François Bozizé, no había respetado los acuerdos de paz firmados en 2007.

La capital, Bangui, fue tomada en marzo de 2013 por la entonces coalición rebelde Séléka, que asumió el poder en el país tras la huida del derrocado Bozizé.

Al final del pasado año, las milicias cristianas Anti-Balaka se alzaron contra los partidarios de Séléka y contra la población musulmana en general, en represalia por los abusos cometidos por los rebeldes durante los meses que estuvieron en el poder.

Un frágil Gobierno de transición controla formalmente el país desde enero.

El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó en abril el despliegue de una misión de paz de 11.800 efectivos, que tomará el relevo en septiembre de la operación que la Unión Africana tiene actualmente en marcha para estabilizar el país con el apoyo de Francia.




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