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Heberlizeth González C. /@heberlizeth

Andrés León está en la calle. Libre. Como lo está cualquier persona que no ha cometido un delito. Hacía dos años y un mes que no respiraba aire puro. No habían pasado 24 horas de que el Tribunal 5° de Control le otorgara libertad absoluta cuando le tocó enfrentar otra ruda realidad: las colas en los supermercados. “Cuando caí preso mi país no era así”, lamentó el ex preso político en exclusiva en una visita a El Carabobeño.

La felicidad no le cabe en el pecho a Andrés, aunque su rostro demuestre lo contrario. Por un lado, está feliz porque retomará la vida que hace dos años el Gobierno venezolano le arrebató, cuando el 5 de mayo de 2014 un grupo de efectivos de la Guardia Nacional lo detuvo en Tazajal al momento que buscaba a su mamá que estaba atrapada en una manifestación. Por el otro, triste porque a horas de su libertad vio una persona apuñalada en una cola de Abastos Bicentenario en la avenida Bolívar de Valencia. “Matarnos entre nosotros por una harina de maíz y un aceite no debería pasar”, comentó.

Nadie esperaba la libertad de Andrés León tan pronto. Fue una sorpresa que a las 4:00 p.m -aproximadamente- del martes la juez dictara la sentencia: libertad plena absolutoria de los hechos ocurridos en 2014. La decisión lo convirtió en el primer preso político en salir libre de culpa. No existían pruebas, nada que involucrara al estudiante del primer año de Derecho de la Universidad de Carabobo en supuestos actos de violencia que se registraban en buena parte del país en ese momento. Le imputaban: resistencia a la autoridad, instigación pública y agavillamiento.

Gracias a Dios pudimos determinar mi inocencia. La Fiscalía no tuvo cómo comprobar mi supuesta culpabilidad y me otorgan una libertad plena, libre de toda culpa, ya que no  tenían nada de qué culparme porque no hice nada”, reveló el joven de 23 años.   

“No es lo mismo ser un preso común que político”

Un silencio al inicio de la pregunta describe la situación: ¿cómo fue tu experiencia en la comandancia general de la Policía de Carabobo? –Difícil, respondió Andrés muy tajante.

“No es lo mismo ser un preso común que un preso político. A mí me torturaban psicológicamente. Yo era el opositor. Me decían guarimbero. El peor de todos porque supuestamente quería tumbar al presidente. Mientras que los presos comunes tenían cierto privilegio”, aclaró.

Andrés tenía 21 años cuando fue detenido. En su vida había visto un fallecido por motivos violentos. El día de su llegada a la Coman-Poli tuvo que ver un preso muerto. Cinco días después resultó herido de gravedad en un motín que se registró dentro del pequeño espacio que compartía con 59 privados de libertad más. En menos de una semana se repitió la historia y lo cambiaron de área. Los demás reclusos tenían beneficios, menos Andrés, porque según él, se manejaba el dinero.

La comida la escupían los oficiales. Ir al baño era un privilegio con el que contaba una vez al día. Cepillar sus dientes, un lujo. Las condiciones infrahumanas que vivió Andrés durante su detención lo llevan hoy a luchar por los Derechos Humanos en Venezuela.  Es una promesa que le hizo a sus compañeros de celda.

Haber cometido un delito o no, no justifica el trato que le dan los custodios a los privados de libertad. Una cosa es que haya culpables y otra que vulneren los Derechos Humanos: a bañarse, comer, dormir en una cama, a ver a la familia. Son cosas sencillas que un prisionero no tiene en una cárcel común, indicó.

“Los presos políticos son inocentes”

El estudiante de la UC está seguro de que los presos políticos de Venezuela son inocentes como él. Los mantienen tras las rejas por un “simple capricho”. No tiene ni idea de porqué lo catalogaban como una amenaza para el Gobierno. “Produciendo eventos y estudiando no podría ser una amenaza para el Gobierno”, dijo.

Buscar justicia en su caso es otro de su prometido. Conseguir que los funcionarios que lo llevaron a estar al filo de la muerte en una cama de Cuidados Intensivos, por dispararle 17 perdigonazos y golpearlos por más de tres horas, paguen por lo que hicieron. Lo mismo que le han hecho a muchos presos políticos.

Fuerza, fe y esperanza

En dos años a Andrés León le quitaron tiempo, libertad, amor, familia. “El simple hecho de no compartir una Navidad en familia porque estoy preso siendo inocente”, expresó..

Su mensaje es claro para el resto de los presos políticos: fuerza, fe, esperanza. Sea hoy o mañana pero más pronto de lo que esperamos van a recuperar su libertad y se va a acabar este Gobierno. Todos nos merecemos una libertad absoluta como la mía”.  




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