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El techo y las paredes del templo tienen problemas de humedad. (Foto José López)

María López Rodríguez || mlopez@el-carabobeno.com

Pese a las promesas hechas por las autoridades municipales y regionales, aún persiste el deterioro en la Catedral San José de Puerto Cabello, donde techo y paredes presentan severas filtraciones, que ha traído como consecuencia que la humedad dañe los frisos y hasta el sistema eléctrico, restándole su belleza de antaño.

Esta joya arquitectónica hace más de 20 años que no recibe un mantenimiento adecuado y en profundidad, pues su restauración es muy costosa, confesó el presbítero Alexander Chacón Rondón, párroco del templo de piedra, como también es conocido.

Las promesas van y vienen, pero no se cristalizan en hechos. La más reciente fue el pasado 7 de diciembre de 2012, cuando el Ejecutivo porteño asumió públicamente el compromiso de ejecutar trabajos de embellecimiento y reparación.

En ese entonces, el anuncio fue hecho por el alcalde Rafael Lacava, quien admitió que estas obras no estarían incluidas en el plan presupuestario de 2013, ese día prometió que para febrero de ese mismo año se iniciaría el plan de reconstrucción, que no se concretó.

También el gobernador de la entidad, Francisco Ameliach, se comprometió a recuperar el casco colonial el Domingo de Resurrección y aún continúa la espera, pese a la visita del ministro de Turismo, Andrés Izarra, quien inspeccionó el casco colonial en compañía de la autoridad municipal y conoce el abandono en el que está sumido.

Mientras porteños y visitantes exigen mejoras de alumbrado, seguridad, recuperación, embellecimiento y activación de la zona histórica y sus diferentes monumentos y estructuras, como el Castillo San Felipe o Libertador que permanece cerrado al público por estar en los linderos de la Base Naval “C/A Agustín Armario.

La Catedral San José, ubicada en el casco colonial de la jurisdicción, data del año 1852 cuando se inició su construcción en unos terrenos que fueron donados por decreto del Congreso Nacional un año antes, cuando el ingeniero de origen polaco Alberto Lutowsky y una junta de personalidades de la ciudad, tuvieron a su cargo la planificación de la obra.

En la actualidad, contó el sacerdote, urge recuperar de tres vitrales cuyo costo oscila -por vitral- entre los 120 mil a 180 mil bolívares, las puertas laterales y ventanas también están en pésimo estado. El sonido, por los problemas eléctricos, es deficiente y las cuatro campanas hace años que no repican.

La imponente construcción fue levantada a base de piedras coralinas y la torre del campanario fue construida con lajas de piedra en los años 60 por el entonces párroco Luis Ancin. Cuenta con una nave central que llega hasta el altar mayor, con un amplio presbiterio y dos naves laterales, en una está ubicada la capilla del Santísimo Sacramento y en la otra la capilla del Santo Sepulcro. Todo se filtra.

Esta realidad no termina allí, pues las imágenes del templo, así como otras parroquias porteñas, por la falta de recursos, no reciben un mantenimiento adecuado, aunado a la indiferencia gubernamental de gestiones pasadas y actuales.




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