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Sara
Pacheco

El
deporte es el camino para salvar a muchos jóvenes de la ociosidad
, que en el
futuro, desencadenaría un desvío del camino de la verdad y la ciudadanía. 

Este
precepto lo tienen muy claro en la comunidad Andrés Bello, al sur de Valencia.
Adultos encargados hoy día de trabajar para llevar comida a sus mesas o
simplemente ejercer un rol productivo en la sociedad, que además disfrutan, se
plantearon recuperar, con sus propias manos, la cancha principal del
sector. 

La
iniciativa fue de Joel González, quien vive justo frente al centro deportivo.
Desde hace 4 años ha visto cómo poco a poco se ha deteriorado el espacio,
hasta llegar al límite que los juegos y reuniones no pasan de las 6 pm. La
oscuridad los ahuyenta.
 

“Estamos motivados a que exista un semillero deportivo.
Vivo al frente y mi deber es velar que se cuiden las instalaciones”, expresó. 

Una
cancha es importante porque, por ejemplo, 2 muchachos en una esquina pierden
el tiempo y juventud, mientras que si están con un balón, haciendo deporte
tienen su mente en otra cosa.
En cambio, si se quedan en la esquina llegará
otro a corromperlos, explicó González mientras secaba el sudor de su frente,
reflejo claro del arduo trabajo que mantenía desde muy temprano con otros
vecinos. 

Se trata
primero de limpiar la maleza y barrer los espacios para que luego el consejo
comunal, organizado con habitantes, se encargue de pintar y reparar algunos
desperfectos.
 

Todo fue donado por una empresa privada. A pesar que se realizó
la petición al Instituto del Deporte de Valencia, organización adscrita a la
Alcaldía, y al Instituto de Viviendas y Equipamiento de Barrios de Carabobo,
dependiente de la Gobernación, no se obtuvo respuesta. La espera se extendió
por 4 años. 

Este
espacio es usado por jóvenes de Freddy Franco, Bella Vista, Las Flores, Las
Brisas y La Democracia, entre otros. 

Robert Arráez comentó que los jugadores
han reparado lo que está a su alcance. “Las arquerías tenían tiempo dañadas.
Entre los muchachos compramos tubos y las soldamos. Los aros los reparamos y
montamos. Intentamos arreglar la luz pero fue difícil, los alógenos estaban
inservibles. Ahorita es imposible. Un alógeno cuesta Bs 10 mil”. 

El área
es utilizada además por los niños que reciben clases en el Colegio Andrés
Bello.
Lo que queda para la comunidad en las próximas semanas es pintar y
esperar otra donación para el arreglo de la electricidad.





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