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AP

Libre de cargos, a Barry Bonds no le preocupa lo que otros
piensen de él sobre su carrera o sus logros. No le cabe la menor duda: es un
jugador digno del Salón de la Fama.

“Ni me preocupo en justificarlo. No hace falta. Se
sobreentiende”, declaró Bonds el jueves por la noche en el AT&T Park.

El máximo jonronero de la historia, de 51 años, admitió que
sintió un gran alivio cuando los fiscales decidieron el mes pasado no seguir
adelante con un proceso por obstrucción de la justicia por dar una respuesta
imprecisa cuando se le preguntó sobre unas inyecciones en el marco de una
investigación de una década sobre su uso de esteroides.

“No estaría diciendo la verdad si dijese que no me
saqué un peso de encima”, señaló en una entrevista con la Associated
Press, la primera que ofrece desde que el gobierno desestimó el caso.

“Nunca he sido de hablar mucho. Eso no es lo mío. No
tengo tiempo para pelearme con la gente. No me interesa. Si la gente dice cosas
negativas, es su opinión”, manifestó.

El proceso por obstrucción de la justicia concluyó cuando el
Departamento de Justicia dijo que no acudiría a la Corte Suprema para pedir que
reconsiderase la decisión de un tribunal que revocó el fallo de culpabilidad
emitido por un jurado en el 2011. Ese jurado halló a Bonds culpable de
obstrucción de la justicia.

Bonds está consciente de que tal vez nunca lo incorporen al
Salón de la Fama. Pero eso no le quita el sueño.

“Todo jugador que jugó contra mí sabe cuáles son mis
aptitudes. Eso es algo que jamás, jamás tendré que explicar a nadie”,
sostuvo Bonds. “Nada me ofende. No guardo rencores. Sé lo que le aporté al
juego y me enorgullezco de eso”.

Bonds fue elegido siete veces el jugador más valioso de la
Liga Nacional y rompió el récord histórico de jonrones de Hank Aaron de 755
maderazos, fijando una nueva marca de 762.

El toletero no niega haber usado esteroides, pero afirmó
ante un jurado investigador que su antiguo preparador físico Greg Anderson le
había dicho que lo que le daba era aceite de linaza y un ungüento para la
artritis.

Fue hallado culpable de obstrucción a la justicia por su
respuesta a la pregunta: “¿Greg le dio alguna vez algo que requería una
jeringa para que usted mismo se lo inyectase?”.

El toletero dice que su afición a la bicicleta lo ayudó a
lidiar con el estrés de las batallas legales.

“Soy un atleta. Eso es lo que hago. Me gusta
entrenarme, es lo que disfruto”, expresó, aludiendo a sus excursiones en
bicicleta.

“Me alegro de que todo esto se haya terminado. Disfruto
más de las cosas. Ahora hay que mirar hacia adelante”, indicó.




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